Seguridad

Casi tres lustros de operaciones policiales contra el yihadismo en ceuta

Años de lucha contra el terror

Agentes de la Policía Nacional durante una operación antiterrorista en Ceuta (C.A./ARCHIVO)
photo_camera Agentes de la Policía Nacional durante una operación antiterrorista en Ceuta (C.A./ARCHIVO)

Desde la detención en 2005 de dos reclusos de la prisión de Los Rosales que planeaban atentar contra el ferri de Algeciras, las operaciones contra el terrorismo yihadista han tenido en Ceuta uno de sus escenarios. La última se desarrolló en noviembre de 2017 en El Príncipe.

Los cuatro ceutíes detenidos en el marco de la Operación Escribano no eligieron bien sus amistades. Integrados en lo que la Guardia Civil definió como “frente de cárceles”, formaban parte de una red de presos dedicada a la radicalización de delincuentes comunes que cumplían condena en centros penitenciarios españoles. Sus compañeros de andanzas eran, entre otros, Jamal Zougam y Hassan El Haski, ambos condenados por los atentados del 11-M, Mohamed El Gharbi, integrante de la célula que pretendía atentar contra el Parlament, y Abderrahmane Tahiri, quien ya tenía experiencia en la tarea de captar prosélitos entre sus compañeros convictos.

Este operativo antiterrorista, que permitió la detención de 26 personas, ha sido el último en el que ha aparecido el nombre de Ceuta vinculado a actividades terroristas. 

Hace más de un año, sin embargo, que no se practica ninguna operación en suelo ceutí. La última permitió la detención de un hombre de 28 años en noviembre de 2017 en El Príncipe, acusado de formar parte de una red de captación, adoctrinamiento y reclutamiento.

El historial de las actividades terroristas vinculadas de algún modo a Ceuta arranca en marzo de 2005 con la detención de dos marroquíes internos en la prisión de Los Rosales a los que se les atribuían planes para atentar contra el ferri que cubre la línea con Algeciras.

 

Planes para atentar

Pese a que desde entonces han sido numerosos los golpes que las fuerzas de seguridad han infligido al terrorismo yihadista, el número de casos en los que las fuerzas de seguridad han atribuido a los detenidos planes ciertos para cometer atentados han sido escasos.

En diciembre de 2006, la denominada Operación Duna se salda con la detención de once presuntos terroristas en El Príncipe. Las fuerzas de seguridad relacionaban a los arrestados con activistas implicados en los atentados del 11-M y de Casablanca. Según la Policía, el grupo se planteaba "pasar a la acción" e ideaba planes "muy incipientes" para cometer atentados contra un polvorín militar situado en la fortaleza del Monte Hacho y contra el recinto ferial de la ciudad. Entre los detenidos figuraban dos hermanos de “Hamido”, el “talibán español”. La Audiencia Nacional, sin embargo, absolvió a todos ellos de pertenencia o colaboración con organización antiterrorista.

También fueron absueltos otros cuatro detenidos en enero y marzo de 2015, a quienes las fuerzas de seguridad también consideraban dispuestos a atentar.

Más inquietantes parecían los propósitos de Stielike y Barabarroja, los alias de los dos terroristas que fueron detenidos en El Príncipe y Villajovita en enero del pasado año. “Esto es lo que hay que hacer en Ceuta, lo que han hecho en Francia: vivan nuestros hermanos”. Esta exhortación aparece contenida en la sentencia por la que la Audiencia Nacional los condenó a 17 años de cárcel por participación activa en organización terrorista y depósito de armas de guerra con fines terroristas.

La sentencia consideró probado que Stielike y Barbarroja formaban un grupo permanente, al menos desde 2011 y hasta 2017, que se reunía en la más estricta confidencialidad en el garaje del primero en Ceuta. Aquellos encuentros, convocados inicialmente para organizar pases de droga, acabaron derivando en un foro donde se debatía y reflexionaba acerca de las actividades criminales de Daesh y otros grupos terroristas. Según la sentencia, estas citas servían para “la radicalización en los postulados más extremistas del salafismo, exhibiendo videos y haciendo escuchar cánticos yihadistas (nasheed) y realizando continuos rezos, además de proferir consignas de exaltación de acciones terroristas suicidas llevadas a cabo por comandos armados del Daesh, al objeto de incitar a los asistentes a la comisión de acciones similares”.

 

Captación y reclutamiento

La mayoría de las actividades criminales abortadas por la Policía Nacional y la Guardia Civil en Ceuta han estado en estos últimos años orientadas a la captación y reclutamiento de prosélitos cuyo destino, en muchos casos, eran los territorios donde Daesh mantenía abiertos frentes bélicos.

El 21 de junio de 2013 fueron detenidos en la ciudad ocho individuos, todos ellos ceutíes, que formaban parte de una red yihadista. Desde el año anterior actuaban en estrecha conexión con otros integrantes marroquíes de la misma estructura radicados en Castillejos. Todos ellos estaban dedicados a radicalizar, reclutar, adiestrar y enviar a los campos de guerra sirios a jóvenes musulmanes. Uno de estos ceutíes perpetró en el verano de 2012 en Al Bara un atentado suicida que ocasionó cerca de 100 víctimas mortales.

La Audiencia Nacional impuso al grupo penas de cárcel que oscilaban entre los 10 y los 12 años de cárcel.

Las mujeres también han sido víctimas propiciatorias de los terroristas. En diciembre de 2014, las fuerzas de seguridad desarticulaban una red de captación de mujeres en una operación policial desarrollada en Ceuta, Melilla, Barcelona y Castillejos. Meses antes, la Policía detenía a dos chicas cuando se disponían a cruzar la frontera de Melilla para unirse al Daesh. Una de ellas era una niña ceutí de 14 años.

Chimaa Borkhress, la ceutí integrada en esta red de captación de niñas con el propósito de que sirvieran como esclavas sexuales en Siria al servicio de combatientes del Daesh fue condenada a cuatro años de prisión.

El antiguo preso del campo de retención de Guantánamo Hamed Abderraham Ahmed, alias “Hamido”, también integraba una célula que la Policía identificó como de captación, adoctrinamiento y radicalización de menores. En febrero de 2016, una operación conjunta de la Comisaría General de Información de la Policía Nacional y de la Dirección General de Vigilancia del Territorio (DGST) de Marruecos permitía la detención en Ceuta y Nador de “Hamido” y otros tres individuos, entre ellos el hermano de un taxista ceutí que se inmoló en un atentado suicida en Siria en el año 2013.

 

La intendencia de Daesh

Una de las operaciones antiterroristas más singulares de cuantas se han practicado en Ceuta tenía uno de sus objetivos en Los Rosales. Allí, en su vivienda, fue detenido en febrero de 2016 un hombre de nacionalidad siria implicado en una red dedicada al envío de armas, equipamiento y material tecnológico a organizaciones terroristas asentadas en Siria e Irak. La Policía Nacional detuvo a seis personas en diferentes poblaciones de Alicante (Crevillente, La Alquería de Aznar, Muro de Alcoy, Alcoy y Alicante) y Valencia (Onteniente).

Los investigadores se habían incautado el mes anterior en los puertos de Algeciras y Valencia de tres contenedores.  El primero de ellos contenía ropa de segunda mano, como se había declarado a aduanas, pero en los dos últimos los agentes hallaron 20.000 uniformes impecablemente nuevos. El contenedor procedía de Arabia Saudí y se dirigía a Turquí, etapa previa a su transporte a territorio sirio.