Seguridad

la red extendía su influencia a 17 centros penitenciarios

Presos ceutíes tenían una presencia relevante en el grupo yihadista dedicado a captar a otros reclusos

Operación antiyihadista practicada en febrero de 2016 (C.A./ARCHIVO)
photo_cameraOperación antiyihadista practicada en febrero de 2016 (C.A./ARCHIVO)

Entre los 25 detenidos figuran tres de los ceutíes condenados en 2015 por integrar una célula terrorista dedicada a nutrir de voluntarios a las fuerzas de Daesh en Siria. 

El grupo de reclusos condenados por yihadismo que había constituido un denominado “frente de cárceles” vinculado a la organización terrorista Daesh contaba con una relevante presencia de ceutíes. La Guardia Civil desarticulaba esta semana una organización afín al grupo terrorista Daesh integrada por internos en centros penitenciarios que se dedicaba a captar, adoctrinar y radicalizar a otros presos.

Entre los 25 detenidos figuran once españoles, dos de ellos conversos al islam y el resto mayoritariamente nacidos en Ceuta.

Tres de los miembros del grupo formaban parte de la célula yihadista desarticulada en 2013 en Ceuta en la denominada “Operación Cesto”. Todos ellos fueron condenados por la Audiencia Nacional a penas de diez y doce años de cárcel. La sentencia de la Audiencia Nacional consideró probado que entre las actividades que realizaban los acusados estaban la de captación y adoctrinamiento de los voluntarios y la organización de los viajes desde España y Marruecos a ciudades turcas fronterizas con Siria.

La Guardia Civil señala como miembros más conspicuos del grupo a Abderrahmane Tahiri, «Mohamed Achraf», que ya lideró una red de captación yihadista en la cárcel salmantina de Topas,  Jamal Zougam y Hassan el Haski, condenados estos dos últimos por su participación en los atentados del 11-M en Madrid.

atentar pues los magistrados concluyeron que se trató de un «plan individual sin desarrollar» que se limitó a unas «simples pesquisas».

Según detalla la Guardia Civil, el grupo estaba integrado por varios dinamizadores, que no solamente se dedicaban a captar a internos de la órbita de Daesh sino que también buscaban cohesionar a los presos encarcelados por delitos de terrorismo. La investigación apunta a que la actividad del grupo podría ir más lejos, si se tienen en cuenta hechos como los ataques yihadistas en el interior de la prisión francesa de Osny en el año 2016, en el que un interno atacó a varios funcionarios de prisiones, y el protagonizado en 2018 en Lieja (Bélgica) cuando, durante un permiso penitenciario, un interno radicalizado asesinó a dos policías y a un civil. De ahí, que la propia existencia del grupo se entienda como un potencial riesgo para la seguridad. 

Las pesquisas comenzaron con el seguimiento de las actividades de un interno en un centro penitenciario pero pronto se pudo constatar que la red proselitista se había extendido a 17 prisiones, lo que supone el 55 por ciento de las que alojan presos vinculados al terrorismo yihadista.

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