La solemnidad del Descendimiento envuelve la 'Madrugá' del Viernes Santo en Ceuta

El Descendimiento, en el callejón del Oratorio de la Santa Cruz

En la quietud de la noche, Ceuta se rinde una vez más al paso del Descendimiento. El cortejo, sobrio y profundo, volvía a ser espejo de la Fe de toda una ciudad que vive su Semana Santa desde lo íntimo

Pasaban cinco minutos de la medianoche cuando las puertas del Oratorio de la Santa Cruz se abrieron. El silencio, solo interrumpido por la campana del muñidor, marcaba el inicio de uno de los momentos más sobrecogedores de la Semana Santa ceutí. La Hermandad del Descendimiento comenzaba su salida procesional, envuelta en un recogimiento absoluto. Era la Madrugá.

Todo estaba dispuesto tras semanas de trabajo intenso. El costurero de la Hermandad, en una labor callada y minuciosa, había dado forma a nuevas prendas litúrgicas: túnicas, albas, dalmáticas y vestimentas para el cuerpo de servidores que despiertan admiración, tanto por su calidad como por el valor de lo hecho desde dentro, con manos cofrades. Este año, además, se estrenaban dos dalmáticas más, destinadas a completar el grupo de turiferarios del Sagrado Misterio del Traslado.

Jesús González Rubio, vestidor de la Hermandad, con la asistencia de Fernando Muela Morán —capiller y vocal de Juventud—, fue el encargado de vestir a María Santísima de la Concepción. La imagen lució un tocado al estilo clásico de José Garduño, con el característico "pellizco" que abre el rostrillo para mostrar con mayor claridad el rostro de la Virgen. Para la ocasión, se emplearon dos mantillas del siglo XIX, cedidas por la familia Orozco, en un arreglo de exquisito gusto.

El cortejo se puso en marcha sin aspavientos. El Misterio del Traslado, formado por el Cristo del Buen Fin y María Santísima de la Concepción, avanzaba con la solemnidad que impone el paso de los costaleros, acompasado y firme. A su alrededor, decenas de personas aguardaban el momento con respeto y emoción contenida.

El cuerpo de servidores, pese a su juventud, dejó constancia de su madurez cofrade. Acólitos turiferarios, monaguillos, concepcionistas y pajes —de respeto y de enlace— desempeñaron su labor con sobriedad. También los nazarenos, de luz y cruz, caminaron con compostura, asistidos en todo momento por una canastilla pendiente de cada detalle.

Abría el cortejo la Santa Cruz, seguida del manifestador, la bandera concepcionista, el estandarte y el muñidor. Detrás, el capataz, sus ayudantes y los costaleros, que ofrecieron lo mejor de sí para que el paso impusiera respeto por su imponente presencia. El andar sereno del Misterio, cargado de simbolismo, conmovía a su paso. El silencio de los negros nazarenos lo anunciaba con solemnidad.

Fiel a su estilo, la Hermandad recorrió el itinerario previsto sin apenas pausas, salvo las necesarias para los relevos. Pasaje del Silencio, Serrano Orive, Plaza de los Reyes, Camoens, Revellín y Plaza de la Constitución. Una ruta de recogimiento, marcada por el ritmo sobrio de los túnicos negros.

Por cuarto año consecutivo, la Cofradía atravesará la Carrera Oficial en sentido inverso, una medida que ya forma parte de su liturgia y que ha permitido adelantar en una hora la llegada al Oratorio. A la 1.10 de la madrugada, el Misterio cruzara el punto neurálgico de la Semana Santa ceutí, cumpliendo con un horario ajustado.

Una vez completado el recorrido en la Carrera Oficial, la Hermandad del Descendimiento iniciará su regreso al Oratorio por Jáudenes, Alcalde Victori Goñalons, Plaza de la Constitución, Paseo del Revellín, Camoens, Plaza de los Reyes, Serrano Orive y de nuevo el Pasaje del Silencio.

A las 3.15 horas, el paso quedará recogido en el Oratorio, cerrando una 'Madrugá' sin sobresaltos, marcada por la sobriedad y la emoción contenida. Ceuta, un año más, vuelve a rendirse al Descendimiento, en una noche donde la Fe se palpa en cada rincón del recorrido. El Viernes Santo amanecerá con el eco reciente de una madrugada que ya es memoria compartida.