Ceuta como cuaderno en blanco: Antonio Acosta y la enseñanza que rompe sus límites
El joven profesor e investigador llega a la ciudad autónoma para impulsar una nueva forma de enseñar idiomas, combinando literatura, tecnología y compromiso social
Por sorpresa, pero con convicción. Así aterrizó Antonio Acosta en Ceuta hace poco más de un mes. Lo que comenzó como una decisión académica —iniciar una tesis doctoral— ha terminado convirtiéndose en una experiencia vital que, según sus propias palabras, “está siendo mucho más rica de lo que imaginaba”.
Su historia no es la de alguien que llega por azar, sino la de quien decide apostar por un camino poco habitual: elegir Ceuta como punto de partida en su carrera universitaria.
De la literatura a la inteligencia artificial
Antonio viene del mundo de la filología y la literatura, con una trayectoria académica brillante en la Universidad de Granada. Sin embargo, su inquietud le llevó a explorar nuevas fronteras: la relación entre la enseñanza de idiomas y la inteligencia artificial.
“Siempre me ha interesado cómo enseñamos lenguas, y la aparición de la inteligencia artificial me generaba muchísima curiosidad”, explica. Fue entonces cuando, gracias a una profesora de la Universidad de Almería, entró en contacto con el profesor Fernando Trujillo, quien acabaría siendo clave en su llegada a Ceuta.
Hoy, Antonio desarrolla su tesis doctoral centrada en una idea potente: cómo la inteligencia artificial puede potenciar la creatividad y el aprendizaje en el aula, especialmente en la enseñanza de idiomas.
Antes de su llegada a Ceuta, Antonio ya había acumulado una valiosa experiencia docente en distintos contextos internacionales. Gracias a un programa, ejerció como profesor de español en un colegio privado de West Virginia (Estados Unidos), una experiencia que describe como “un reto complejo” por las particularidades del entorno. Posteriormente, dio el salto a Europa, donde trabajó en el Liceo Español Luis Buñuel de París, primero como profesor de inglés y más tarde como docente de lengua española. Estas etapas han marcado su forma de entender la enseñanza: adaptativa, práctica y profundamente conectada con la realidad del alumnado.
Un campus que abre puertas
Su incorporación al campus ceutí no solo le ha permitido investigar, sino también impartir clases en grados como Educación Primaria y Educación Social. Y aquí encuentra una de las grandes oportunidades de su experiencia: “No todos los doctorandos tienen la suerte de dar clase sobre lo que investigan. En mi caso, todo está conectado”.
Además, destaca el valor de un campus pequeño: cercanía, agilidad y trato humano. “Aquí todo es más accesible, más directo. Eso facilita muchísimo el trabajo diario”.
Antes de llegar, reconoce que sabía poco de la ciudad. Como muchos, tenía una imagen lejana y difusa. Pero la realidad ha sido muy distinta: “Me ha sorprendido que hay de todo. Cultura, ocio, vida… incluso más de lo que mucha gente imagina desde la península”.
También destaca el carácter de sus habitantes: “la gente es muy cercana, muy acogedora”, algo que ha hecho que su adaptación sea rápida y natural.
Enseñar desde la práctica (y sin exámenes tradicionales)
En el aula, Antonio apuesta por metodologías innovadoras. Sus clases se basan en el aprendizaje colaborativo, la creación de contenidos y el uso crítico de la inteligencia artificial.
Nada de memorizar para un examen. En su lugar:
- Debate
- Lectura activa
- Creación de proyectos
- Uso de herramientas digitales
“Los contenidos se construyen en clase. El alumno no solo aprende, sino que genera conocimiento”.
La inteligencia artificial como aliada
Uno de los puntos centrales de su discurso —y de su investigación— es desmontar el miedo a la inteligencia artificial. “Se dice que es el enemigo de la creatividad, pero puede ser justo lo contrario: un catalizador”.
Para Antonio, el problema no es la herramienta, sino el uso que hacemos de ella. Defiende una integración inteligente, crítica y ética en el ámbito educativo.
También invita a reflexionar sobre algo más profundo: cómo humanizamos la tecnología. “Usamos verbos como ‘piensa’ o ‘responde’ para hablar de la IA, y eso dice mucho de cómo la percibimos”.
Su estancia en la ciudad le ha abierto puertas inesperadas. Una de ellas: la posibilidad de colaborar con el Instituto Cervantes de Tetuán, donde impartirá formación docente vinculada a su investigación.
Además, participa en proyectos como la Cátedra Ceuta, centrada en la digitalización y el uso de tecnologías emergentes para mejorar la vida de la ciudadanía.
“Ceuta es un lugar donde investigar es más accesible. Tienes contacto directo con instituciones, centros educativos… eso en otros sitios es más complicado”.
Lengua, integración y compromiso social
Más allá de la universidad, Antonio mantiene un fuerte compromiso con la enseñanza del español como lengua extranjera, especialmente en contextos de inmigración.
“Aprender la lengua es clave para integrarse. Es una herramienta para construir sociedad”. En este sentido, considera fundamental formar también a educadores sociales, no solo a docentes tradicionales, para responder a las necesidades reales del entorno.
¿Un futuro en Ceuta?
Aún es pronto para saber si su camino continuará en la ciudad, pero no cierra la puerta: “Ceuta tiene mucho potencial. Si se dan las condiciones, ¿por qué no?”
Mientras tanto, ya imagina posibles proyectos futuros vinculados a la literatura digital, la creación artística y la innovación educativa.
Una historia que empieza
Antonio Acosta no solo ha llegado a Ceuta para enseñar. Ha llegado para aprender, investigar y construir nuevas formas de entender la educación.
En una ciudad que, según él mismo reconoce, le ha sorprendido, su historia acaba de comenzar. Y lo hace con una idea clara: la educación del futuro no se teme, se construye.