Instituto de Medicina Legal | Entrevista

Cómo es ser médico forense en Ceuta: la experiencia de Borja Moreno

Borja Moreno combina rigor científico y mirada humana. Hasta en su bata / B. Moreno

Borja Moreno, director del Instituto de Medicina Legal de Ceuta, desarma mitos sobre la medicina forense: “No solo hacemos autopsias. También ayudamos a entender el dolor que sigue con vida”

 

Autopsias, agresiones sexuales, menores migrantes y enfermedades mentales: Borja Moreno es el director del Instituto de Medicina Legal de Ceuta y uno de los pocos forenses en España que se atreve a contar lo que pasa tras las puertas del juzgado. Con una mirada tan clínica como humana, desmonta mitos, denuncia silencios y abre en canal una profesión que convive con la muerte… y con la vida.

La medicina forense suele asociarse con quirófanos fríos y cuerpos sin vida. Pero su alcance va mucho más allá. “Si piensas que mi trabajo consiste únicamente en hacer autopsias, te equivocas”, sentencia Borja Moreno, director del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Ceuta. Con una trayectoria que atraviesa varios continentes y disciplinas, Moreno lleva años empeñado en explicar a la sociedad que su oficio también tiene mucho de vida.

Porque los forenses no solo bajan a examinar la muerte. También valoran lesiones en víctimas de violencia, examinan indicios de violaciones, determinan la capacidad mental de investigados o evalúan negligencias médicas. Son médicos, sí, pero también testigos incómodos de una realidad que muchos prefieren no mirar.

Moreno ha decidido contarla. Acaba de publicar Abierto en canal (La Esfera de los Libros, 2025), un libro que mezcla anécdotas sorprendentes con una profunda mirada humanista. “La medicina forense se difunde muy poco desde dentro”, reconoce, “y quizá por eso sigue siendo una gran desconocida”.

El médico que quiso mirar donde otros apartan la vista

Las calaveras en la bata no son una provocación, son una invitación a mirar de frente lo que muchos prefieren ocultar

Formado en la Universidad de Badajoz, su expediente académico incluye etapas en Madrid, Florencia y un año en Nueva Zelanda para perfeccionar el inglés médico. “Lo tenía claro: quería ser forense”. Antes de lograr plaza, ejerció como médico generalista en Elda y Orihuela, hasta que la oposición le llevó a Palma de Mallorca. Allí dirigió durante una década la Unidad de Violencia de Género y Sexual.

Ahora, desde Ceuta, ejerce como director del Instituto de forma provisional, aunque con vocación de arraigo. “Aquí el volumen de trabajo es menor que en Palma, pero más diverso. Tienes que hacer de todo, y eso te enriquece”.

Entre esas tareas destaca una poco conocida pero clave en la ciudad: la determinación de edad de menores migrantes. “En Ceuta se ven más muertes por asfixia o sumersión que en Baleares. Aquí se podría hacer un estudio científico potente sobre esto”.

La muerte, a diario

Detrás de cada informe forense, hay un profesional que convive con la muerte, pero no pierde la vida de vista

“No pasa un día sin que me cruce con la muerte”, confiesa Moreno. Autopsias, levantamientos de cadáver, informes periciales, juicios... “Sé que esto tiene un final, y puede ser hoy mismo. Pero la mayoría de la sociedad vive de espaldas a esa realidad, sobre todo los jóvenes. Creen que la muerte es cosa de mayores”.

Y sin embargo, no todo en su especialidad gira en torno a lo fúnebre. Moreno se ha especializado en sexología forense y psiquiatría forense, dos campos donde la muerte no es la protagonista, pero el sufrimiento humano sí. “Lo más duro son los casos de menores agredidos. Ahí es donde más cuesta dejar el trabajo en la puerta de casa”.

¿Cómo lo consigue? “Con yoga, meditación, escritura y redes sociales. Necesitamos vías de escape. Siempre digo que los médicos forenses tenemos la llave del infierno: bajamos de nueve a dos, lo vemos, y volvemos a cerrar”.

Cuando el juicio depende de su pluma

Una firma suya puede cambiar el rumbo de un proceso penal. “Muchas veces de nuestro informe depende si una muerte se considera violenta, si alguien entra en prisión o si una persona queda inimputable por enfermedad mental. La carga de responsabilidad es enorme”.

Esa responsabilidad le ha llevado también a las aulas, donde enseña a estudiantes de medicina y derecho a entender lo que hay detrás de un informe forense. “La clave es poder explicar lo que ha pasado, con precisión, al juez, al abogado, al tribunal”.

Ceuta, frontera física y emocional

Hablar con Borja Moreno es adentrarse en un territorio donde la ciencia y la espiritualidad conviven. Médico forense, profesor, viajero, escritor, influencer y fundador de una ONG en Tanzania, su perfil desborda etiquetas.

Y quizá por eso, la Ceuta de los márgenes, del tránsito, del mar incierto, le toca especialmente. “Cuando veo a un chaval de 14 o 15 años que ha cruzado el mar jugándose la vida, lo primero que pienso es: ¿Tus padres saben que estás aquí? Algunos me dicen que su madre estaba de acuerdo, otros que su padre no. Pero todos tienen algo en común: creen que al otro lado les espera algo parecido a Jaúja”.

Lo cuenta con tristeza, pero también con un compromiso claro: “Tenemos que cuidar cómo hablamos. Palabras como ‘MENA’ ya no se usan solo en contextos técnicos; en la calle suenan como etiquetas que estigmatizan. Yo prefiero decir ‘menores no acompañados migrantes’. El lenguaje importa”.

Ceuta, un regalo para escribir

Presentación del libro 'Abierto en Canal' de Borja Moreno

Tras más de un año en la ciudad, Moreno hace balance con gratitud. “Ceuta me ha dado algo que no tenía en Palma: tiempo para escribir. Las tardes aquí han sido mi espacio para sacar adelante el libro”. También ha aprendido lo que significa gestionar un Instituto de Medicina Legal. “No todos los forenses llegan a ese puesto. Ahora tengo contacto directo con el Ministerio de Justicia, con el juez decano, con la fiscalía... Y eso también te hace crecer”.

Y sí, también el mar cuenta. “Nací en Elda, viví en Mallorca, ahora en Ceuta. Siempre en el Mediterráneo. Pero no me mandéis al norte, que allí no vamos”, bromea.

La muerte forma parte de su día a día, pero Borja Moreno parece vivir más intensamente que muchos. En cada historia que cuenta hay una enseñanza, una advertencia, una pizca de luz. En Ceuta, su mirada forense no solo disecciona cuerpos, también ayuda a entender las heridas que no siempre se ven.