Corazones de pollo, la casquería ceutí que sobrevive entre frituras y bocatas

Una encuesta por las calles de Ceuta revela el arraigo popular de este manjar local, aunque pierde terreno entre las nuevas generaciones por su naturaleza visceral

Hay sabores que no se explican, se heredan. En Ceuta, tierra de mestizaje culinario, los corazones de pollo llevan años haciendo patria en bocatas, camperos y platos combinados que muchos consideran insustituibles. Son humildes, sabrosos y acompañan con dignidad a los clásicos huevos fritos, patatas bien hechas o una generosa cucharada de mayonesa. Sin embargo, este bocado tan local despierta hoy opiniones divididas, sobre todo entre quienes han crecido en una era donde la casquería ya no tiene tanto peso en la dieta.

 

Una encuesta realizada a pie de calle por este medio revela que la mayoría de ceutíes siguen disfrutando de esta receta. Los describen como “tiernos”, “con sabor único” y “perfectos para un bocadillo después de un día largo”. No obstante, también hay un cambio generacional evidente: muchas personas señalan que los más jóvenes ya no sienten tanto entusiasmo por estos platos tradicionales. “Ya no les gusta la casquería, les da cosa”, comenta una de las personas entrevistadas, reflejando una tendencia que afecta también a otras vísceras como el hígado o la molleja.

El corazón de pollo, en Ceuta, no solo se come, se comparte. Es habitual que quienes visitan la ciudad sean invitados a probar este manjar en alguna terraza, en casa de un amigo o incluso en los locales más populares del centro. "Si vienes a Ceuta, tienes que probarlos", dicen muchos con orgullo. Y es que, aunque en la Península apenas se conozca este plato, aquí forma parte de la identidad gastronómica local, casi tanto como los pinchitos de pollo, las breuas o las pastelas.

Para algunos, el relevo generacional lo ocupan otras propuestas más “aceptables” al paladar contemporáneo, como los camperos de otras variedades o recetas con carne más convencional. Aun así, la defensa del corazón de pollo como seña culinaria de la ciudad persiste. Se reinventa en bocatas generosos, se marida con diferentes especias, e incluso algunos bares lo ofrecen con toques modernos que no desvirtúan su esencia.

En un mundo donde la cocina cada vez se mira más al espejo de las redes sociales, Ceuta resiste con sabores de antes. Quizá no se trate de conquistar a todos los públicos, sino de mantener viva la memoria gustativa de una ciudad que siempre ha sabido mezclar influencias sin perder el alma.