Doce años después, la tragedia del Tarajal sigue siendo una herida abierta
La Marcha por la Dignidad volvió a reunir en Ceuta a activistas y supervivientes para recordar a las 14 personas que murieron en la playa del Tarajal en 2014. Este año, el acto se trasladó al local de Luna Blanca por el temporal, pero la memoria —y las denuncias— siguieron firmes
La lluvia llevaba horas amenazando y, al final, cumplió. Pero antes de que el cielo se abriera, un grupo de personas volvió a reunirse en Ceuta para recordar algo que muchos no consiguen —ni quieren— olvidar: la Tragedia del Tarajal. Doce años ya. Doce.
Este año, la Marcha por la Dignidad no pudo salir a la calle. El viento y el agua obligaron a refugiarse en el local de Luna Blanca, un espacio pequeño pero cargado de memoria. No se pudo llegar al escenario de la tragedia, donde cada febrero desde aquel jueves de 2014, se leía un manifiesto. Esta año, se ha vuelto a hacer a cubierto y como cada año: en árabe, español y francés. Y fue precisamente en francés donde la voz tembló un poco más.
La voz era la de Brice O., uno de los supervivientes. Volvió a Ceuta, la ciudad donde una pelota de goma le arrebató la visión de un ojo mientras intentaba llegar a nado. Hoy vive en Canadá, pero cada aniversario su memoria lo devuelve a esta ciudad, a la que no volvía desde aquella noche en la que casi pierde la vida y donde otros catorce la perdieron: Yves, Samba, Daouda, Armand, Luc, Roger Chimie, Larios, Youssouf, Ousmane, Keita, Jeannot, Oumarou, Blaise y una persona cuyo nombre aún se desconoce.
Brice no habló de odio. Habló de políticas. De decisiones. De consecuencias. Pidió que no se repitan escenas como las de aquella madrugada y denunció que Europa avanza hacia leyes que facilitan deportaciones exprés, detenciones y devoluciones a países inseguros. Recordó que el nuevo Pacto Europeo de Migración y Asilo, que entrará en vigor en junio, se está implementando sin transparencia ni debate público. Y celebró, al mismo tiempo, la regularización extraordinaria aprobada en España tras años de presión del movimiento antirracista.
El manifiesto no esquivó la realidad más reciente: 46 personas —la mayoría marroquíes— han aparecido muertas en las playas de Ceuta en lo que va de 2025. Muchas otras siguen desaparecidas. Las familias, como siempre, chocan contra muros burocráticos para saber qué fue de sus hijos, hermanos o padres.
La denuncia fue clara: las políticas migratorias, alimentadas por discursos de odio, criminalizan a quienes ejercen su derecho a moverse. Personas que huyen de guerras, pobreza o persecución, muchas veces en países marcados por un pasado colonial que aún deja cicatrices. La violencia, dijeron, no empieza en la frontera: llega con ellas desde mucho antes.
El texto también apuntó al Pacto Europeo de Migración y Asilo, al que calificaron de incompatible con los derechos humanos. Hablaron de violencia administrativa, de trabas para pedir asilo, de explotación laboral, de personas que acaban en la calle. Denunciaron la instrumentalización de los cuerpos migrantes, el neocolonialismo en las políticas de cooperación y la falta de responsabilidad del Estado ante las muertes en el mar.
Y, como cada año, hubo peticiones que ya son un grito colectivo:
- Que el Estado asuma su responsabilidad en tragedias como el Tarajal o la masacre de Melilla.
- Que se garantice el rescate en el mar y la búsqueda de desaparecidos.
- Que se ponga fin a la externalización de fronteras.
- Que exista un sistema independiente que vigile la actuación policial.
- Que se reconozca el derecho a la libre circulación.
- Que se reformen las leyes que vulneran la dignidad de las personas migrantes.
- Que haya políticas públicas reales contra el racismo y la xenofobia.
“Todas las vidas importan. Las vidas migrantes importan. Las vidas negras importan”, se escuchó en la sala. Y no sonó a consigna: sonó a cansancio, a duelo, a resistencia.
Para cerrar el acto, la cantante ceutí Ebhel interpretó Para vivir de rodillas, de Pedro Sosa. Su voz llenó el local con versos que, doce años después, siguen golpeando igual: abrir ventanas, tender lazos, entender que ninguna barrera detiene un sueño cuando lo que está en juego es la vida. Porque "para vivir de rodillas, mejor morir en el agua. Ahogarse en la pena hiere y deja llagas que sangran. Mejor ahogarse en las olas, las olas no dejan marcas.
Afuera, la lluvia comenzó a caer con fuerza. Dentro, la memoria seguía en pie.