Francisco y Aida: dos jóvenes voluntarios, dos miradas abiertas hacia Ceuta
Desde Extremadura y Guipúzcoa, llegan a Ceuta para descubrir, convivir y sumar: una experiencia transformadora a través del voluntariado
En una pequeña sala del Centro Social del Mayor de Cruz Roja, entre cafés, risas y recuerdos compartidos, dos jóvenes relatan su experiencia en Ceuta con una mezcla de entusiasmo, gratitud y algo de nostalgia anticipada. Francisco, profesor de secundaria en Extremadura, y Aida, estudiante de Educación Social en Guipúzcoa, llegaron a Ceuta como voluntarios dentro de un campo de trabajo de unos 12 días. Lo que no sabían al comenzar esta aventura era que la ciudad autónoma iba a dejar en ellos una huella tan profunda.
Ceuta como elección, no como casualidad
Francisco lo tenía claro desde el principio: “Me interesaba muchísimo conocer la realidad cultural de Ceuta, esa mezcla que no se da en ningún otro sitio de España. La convivencia entre culturas tan distintas, como la hindú y la musulmana, solo la había visto en lugares como Dubái. Saber que esto ocurre aquí, en nuestro país, me parecía fascinante”.
Aida, por su parte, confiesa que no sabía mucho sobre Ceuta antes de llegar: “Vi todos los destinos posibles de voluntariado y pensé: Ceuta, no tengo ni idea de cómo es… así que quiero conocerla. Y estoy encantada. Ha sido una experiencia muy guay, de verdad”.
Ambos eligieron este campo como única actividad de verano en el marco del programa de voluntariado de sus respectivas comunidades autónomas. Pero más allá del destino, lo que han vivido aquí ha superado cualquier expectativa inicial.
Una ciudad que rompe estereotipos
La conversación con ellos fluye con naturalidad. No solo comparten lo vivido, sino también cómo han cambiado ciertas ideas preconcebidas.
“Hay gente que vacila mucho sobre Ceuta, llegando a pensar que es el tercer mundo”, comenta Aida con una sonrisa irónica. “Yo sabía que no era así, claro, pero venir aquí me ha confirmado que Ceuta es España, con sus particularidades, sí, pero con las mismas estructuras, servicios, vida cotidiana… ¡Y una riqueza cultural enorme!”.
Francisco añade: “Lo que más me ha sorprendido es cómo aquí pueden coexistir culturas que en otros lugares del mundo están enfrentadas. Por ejemplo, en la India y Pakistán hay conflictos muy graves entre hindúes y musulmanes. Aquí, en cambio, conviven con respeto y armonía. Eso me parece esperanzador”.
Una experiencia que deja huella
Durante estos 12 días, han recorrido los rincones más significativos de Ceuta: “Visitamos el templo hindú, la mezquita, la sinagoga, las playas, la Ceuta militar…”, cuenta Francisco. “Ha sido muy completo. Todo con una mirada respetuosa y de aprendizaje”.
Pero no todo ha sido turismo. En el desayuno con personas mayores, organizado por Cruz Roja, ambos vivieron un momento que les removió por dentro. Aida reconoce que al principio fue raro: “Nunca había tratado con personas mayores más allá de mis abuelos. Pero cuando les escuchas hablar, contar sus historias, ves que hay un vínculo posible. Basta una sonrisa, una anécdota compartida, para sentir que estamos conectados, pese a las generaciones”.
pero quiso comprobarlo de primera mano
Esa conexión humana es también lo que más valoran de la experiencia. “Yo tenía miedo al principio —confiesa Aida— porque venía gente muy distinta, no sabías con quién te ibas a encontrar. Pero ha sido una pasada. Lo que más ha sumado ha sido la gente, de verdad. Me voy con una pena enorme”.
¿Volverían?
“Yo no solo volvería —dice Francisco—, sino que tengo pensado opositar para vivir en Ceuta. Esta ciudad tiene algo especial. Esa mezcla cultural que me atrajo al principio es ahora lo que más me enamora. Poder ver algo como India en España, ¡es un sueño!”.
Aida asiente convencida: “Ojalá más gente viniera a conocer Ceuta. Muchos prejuicios caerían por su propio peso. Es una ciudad que merece ser conocida, vivida, y entendida”.
Francisco y Aida no solo han conocido Ceuta. La han vivido, la han sentido, y la han elegido como parte de su historia personal. En sus palabras hay más que una experiencia de voluntariado: hay una llamada a mirar con curiosidad, a acercarse al otro con respeto, y a descubrir que, cuando hay ganas de convivir, las diferencias no separan: enriquecen.