La Noche de San Juan llena Ceuta de tradición, deporte y esperanza

La ciudad vuelve a celebrar una de las veladas más únicas del año con la quema del Juanillo, la emblemática carrera nocturna y el reencuentro de familias y amigos en las playas de Ceuta

 

Ceuta ha celebrado con intensidad y emoción la Noche de San Juan, una de las festividades más queridas por la ciudadanía, que ha vuelto a reunir a cientos de personas en torno al fuego, el mar y las tradiciones populares durante la noche del 23 al 24 de junio.

Uno de los momentos más esperados ha sido la quema del tradicional Juanillo, que este año ha tenido un valor especial, al haber sido elaborado por jóvenes del centro de acogida de La Esperanza. Una figura que simboliza el fin de lo viejo y el inicio de un nuevo ciclo, y cuya quema representa un acto de renovación y esperanza.

La jornada ha comenzado con la XXX Carrera Nocturna de San Juan, que se ha celebrado a las 21:00 horas con la participación de numerosos corredores. El presidente de la ciudad autónoma, Juan Vivas, ha sido el encargado de dar el pistoletazo de salida a esta tradicional cita deportiva que, edición tras edición, gana en arraigo y participación.

Ya cerca de la medianoche, alrededor de las 23:45, Vivas ha saludado a los efectivos de seguridad y emergencias que han trabajado en el dispositivo especial desplegado para esta noche. Posteriormente, ha asistido al encendido de la hoguera en el segundo espigón de la playa del Chorrillo, desde donde también ha contemplado el espectáculo pirotécnico que ha iluminado el cielo ceutí.

Como es tradición, muchos ceutíes han bajado a la playa a pasar la noche con amigos o familiares, compartiendo cena, risas y momentos especiales bajo el cielo estival. Algunos se han sumergido en el mar a medianoche para purificarse con sus aguas saladas. Años atrás, cuando las hogueras estaban permitidas, los caballas escribían en un papel lo que deseaban dejar atrás y lo arrojaban simbólicamente al fuego. También había quienes, siguiendo la costumbre, saltaban sobre las llamas tres veces para asegurarse un año de buena suerte. 

En esta noche especial, el fuego ha sido algo más que una llama: ha sido un símbolo de renovación, un faro de esperanza y la certeza de que, incluso tras la oscuridad, siempre vuelve la luz.