Sociedad

Un sincero homenaje a una persona verdadera

¡Qué tío, el Miguel!

El Tío Miguel, una de sus últimas fotos (C.A.)
photo_camera El Tío Miguel, una de sus últimas fotos (C.A.)
El Tío Miguel murió y su recuerdo sigue aquí siempre con nosotros. 

Poco, no mucho sé del Tío Miguel, pero tomé unos apuntes y aquí los escribo hoy. Era sensato cuando lo conocí, era muy hablador y ningún mentecato. Su juicio era bueno, apto, de hoy. Me acuerdo que destacaba por sus despistes, vendía cupones y a veces olvidaba cobrarlos. 

Lo conocí no sé dónde, pero me arraigué a él en la planta baja del Ayuntamiento, donde se hacen amigos por la buena gente que a veces hay pese al lugar sombrío y oscuro que siempre es. 

Miguel fue generoso, también combativo y nunca supe a quien pertenecía. Creo que a nadie. 

El otro día me enteré de su muerte. Fue una sorpresa y la desazón que me produjo sigue a la hora de ponerme al teclado. Me acuerdo de todo cuanto me dijo, de una forma clara y directa, como él era siempre. 

Era lo de menos vender lotería, a él le interesaba hablar, conocer a las personas. Se hizo apreciar, era un pequeño conquistador, un tío como ese lo quiero ya también para mi familia. 

Un día tan frío como hoy le agradezco el calor y el cariño que siempre me dio, sus consejos, y sus renuncias a contar pasajes prohibidos de su pasado. Enorme Miguel. 

Los hombres tan buenos como Tío Miguel nunca deberían morirse. Te quedaba mucha gente para ayudar. 

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