Sociedad

El religioso Juan José Aguirre Muñoz recibe el galardón de manos del presidente Vivas

Premio Convivencia al corazón de África

Juan José Aguirre, tras recibir el galardón (C.A.)
photo_cameraJuan José Aguirre, tras recibir el galardón (C.A.)

El Teatro Auditorio Revellín ha sido hoy escenario de la ceremonia de entrega del Premio Convivencia al obispo de Bangassou, Juan José Aguirre Muñoz.

El premio llegó después del premio. Juan José Aguirre Muñoz, misionero comboniano y obispo de Bangassou, en la República Centroafricana, acababa de recibir de manos del presidente de la Ciudad, Jesús Vivas, la estatuilla de la escultora Elena Laverón que cada dos años se concede a la persona galardonada con el Premio Convivencia.

El religioso cordobés subió al escenario minutos más tarde para, a su vez, premiar a los asistentes que ocupaban el patio de butacas del Teatro Revellín con una lección de vida, una mirada descarnada al corazón de África, el lugar de la tierra donde, según confesó, “aprendí a sonreír”.

Aguirre Muñoz habló de una África convulsa, la de las guerras brutales, promovidas en no pocas ocasiones por intereses económicos foráneos, animadas por sicarios bajo contrato que buscan dejar expedito el acceso a los minerales apetecidos por potencias extranjeras . “El fuego se utiliza como arma de guerra: la gente pierde sus casas, su colchón, su saco de semillas”. Las violaciones también son un arma. El horror que hace huir a centenares de miles de personas a países vecinos. “Solo el 3% de los africanos consigue cruzar el desierto y llegar a Ceuta y Melilla. ¿Cuántos muertos hay en el desierto? Es algo que no sabemos”. Un flujo humano que es acogido por las naciones vecinas, sin las reticencias que se plantean en otras latitudes al deber de salvar la vida de un semejante. “Uganda ha recibido a dos millones de ciudadanos de Sudán, que han podido encontrar en el país un refugio”.

El misionero también habló del África esperanzada, la que reunirá dentro de 30 años a 2.500 millones de personas, el 40% de ellas menores de 15 años. E imaginó un continente capaz de combatir las epidemias, resuelto a desprenderse de la codicia que anhela sus riquezas… “Solo entonces los jóvenes no tendrán necesidad de arriesgar su vida en el desierto para llegar a Europa”.

Y recordó a los 2.000 musulmanes de Bangassou acogidos en la misión católica desde hace tres años, refugiados después de haber sido víctimas de la más abyecta de las violencias, un episodio que Aguirre Muñoz y sus colaboradores vivieron en primera persona.

 

Una vida dedicada a África

El primer contacto de Aguirre Muñoz con la República Centroafricana data de 1981. El joven sacerdote cordobés de 26 años recala en la misión de Obo, al nordeste del país, una zona selvática cercana a la frontera con Sudán. Allí permanecerá hasta 1987, un periodo de tiempo que aprovechará para aprender la lengua de los zande.

Aguirre Muñoz 1Tras una estancia de siete años en España, vuelve a la República Centroafricana, esta vez destinado a la misión de Dekoa. Su empeño ahora es el de dominar el sango, idioma oficial del país junto al francés.

En 1996 se traslada a la capital de la República, Bangui, para ocupar el cargo de “principal” de los Misioneros Combonianos, responsabilidad que desempeña durante poco más de un año. A finales de 1997, el Papa Juan Pablo II lo nombra obispo coadjutor de Bangassou.

Este Premio Convivencia 2019 reconoce un trabajo de más de tres décadas en uno de los países más pobres de la Tierra: una esperanza de vida que no alcanza los 49 años, una renta per cápita de 352 euros, una tasa de mortalidad cercana al 16% y de mortandad de los niños en el parto del 17%.

Aguirre Muñoz 3“Gente que te mira con ojos profundos, gente vestida con una sola camisa todo el año, que vive con menos de un dólar al día, gente que es muy pobre y tiene una gran capacidad para comprender la vida, la existencia, la familia, para saber distinguir lo importante y lo superficial”. Ésta es la descripción que Aguirre Muñoz hace del pueblo africano, al que tan bien conoce.

La diócesis de Bangassou trabaja desde hace años contra males como la malaria o el sida, la tuberculosis, el herpes o la diarrea. Entre el 15% y el 25% de la población de la diócesis está infectada por el VIH. El sida genera, en palabras del obispo, “un genocidio silencioso”.  

La Fundación para la Promoción y Desarrollo de Bangassou, creada en 2002 por familiares y amigos cercanos al obispo cordobés, canaliza toda la ayuda procedente de instituciones, empresas y particulares.

Aguirre Muñoz 2La diócesis de Bangassou ha promovido proyectos orientados a favorecer la educación de la infancia (7.000 niños han sido escolarizados en la región), el fomento de la tolerancia religiosa y la creación de becas para el estudio de licenciaturas.  Además, ha abierto orfanatos para la atención de niños cuyos progenitores, en muchos casos, murieron a consecuencia del sida, ha inaugurado casas de acogida para madres menores de edad y para ancianos, ha creado talleres de costura para niñas forzadas a ejercer la prostitución en las calles, ha fundado granjas, establecido lazaretos y centros para atender a personas con sida, ha impulsado programas de formación de personal sanitario (médicos, enfermeras, fisioterapeutas) y ha construido todo tipo de infraestructuras (caminos, nuevos accesos, puentes, pozos, instalaciones para la potabilización de agua).

 

El premio

El Premio Convivencia Ciudad Autónoma de Ceuta, creado en 1999, se concede con periodicidad bienal desde 2012. La distinción está dotada con 30.000 euros y una escultura de la artista ceutí Elena Laverón.

La lista de condecorados la conforman, en orden cronológico inverso, los Franciscanos de Tierra Santa, la niña paquistaní Malala Yousafzai, el escritor Mario Vargas Llosa, la organización no gubernamental Sonrisas de Bombay, la activista surafricana Helen Lieberman, el científico Manuel Elkin Patarroyo, la Fundación Miguel Gil Moreno, el maestro Daniel Barenboim, el economista y Nobel de la Paz Muhammad Yunus, la Asociación Víctimas del Terrorismo en España, el pueblo de Madrid, el pueblo de El Salvador, el escritor y filántropo Dominique Lapierre, la asociación Mensajeros de la Paz, el misionero Vicente Ferrer y el expresidente Adolfo Suárez.

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