Sociedad

violencia y juventud en los barriOS depauperadOs

¿Por qué tiran piedras a los bomberos?

Príncipe
photo_camera Vista de la barriada El Príncipe/ ANTONIO SEMPERE

Las agresiones sufridas por los bomberos a manos de un grupo de jóvenes que les recibieron la pasada semana a pedradas cuando se disponían a sofocar distintos fuegos en Arcos Quebrados, además de ser considerado como un acto de desorden público, se antoja un síntoma de una sociedad castigada por la desigualdad y escindida en identidades forjadas en torno al credo propio, la extracción social o la etnia.

¿Por qué un adolescente puede sentirse impelido a apedrear a los bomberos que acuden a su barrio a extinguir un incendio? Los bomberos, los conductores de los autobuses urbanos o los policías son algunos de los funcionarios que, desde antiguo, han sufrido intermitentemente las iras de residentes en los barrios más marginales de la ciudad, fundamentalmente El Príncipe.

Estas agresiones, cuya responsabilidad cabe atribuir exclusivamente a sus autores, son, sin embargo, un síntoma, un reflejo de una sociedad desigual y escindida en identidades forjadas en torno al credo propio, la extracción social o la etnia.

 

¿Por qué los niños tiran piedras a los bomberos?

La tarea de dar respuesta a esta cuestión encuentra todas las dificultades que suelen oponer las preguntas cuyo enunciado es de una sencillez pueril. Detrás de los niños, los adolescentes e, incluso, los adultos que arrojan piedras contra los empleados de los servicios públicos se esconden no pocos de los problemas que tejen esas “especificidades” de la ciudad a las que en pocas ocasiones aluden los discursos oficiales, más afectos a subrayar otras “singularidades” como el “hecho fronterizo” o la “situación geográfica”.

El sociólogo y profesor de la Universidad de Granada Carlos Rontomé no expresa dudas en su convicción de que en Ceuta conviven muchas juventudes distintas, cuyo sesgo está determinado por realidades socioeconómicas y condiciones de vida diversas. “En barrios étnicos como El Príncipe existe una identidad homogénea que cuando coincide con niveles socioeconómicos bajos puede llegar a reforzar el conflicto –explica Rontomé- De algún modo, los bomberos, los autobuses, los policías representan el sistema, son los que vienen hasta aquí y nosotros les atacamos para demostrar que estamos contra ese sistema”.

El profesor reconoce que cualquier respuesta sin aristas a un problema complejo como el de la desigualdad y marginalidad sociales ha de resultar necesariamente insatisfactoria. Un primer avance en la descripción de estos fenómenos ha de resultar de ayuda.

Rontomé habla del “círculo vicioso” de la marginación. “A niveles socioeconómicos bajos, fracaso escolar; si tienes poca formación, baja empleabilidad; si no tienes empleo, necesidad de ayudas sociales, y desde aquí vuelta a empezar hasta que la siguiente generación entra en el mismo bucle”, explica.

La emancipación de la población ceutí más desfavorecida que podría propiciar la educación encuentra, a su vez, otros obstáculos. Como resulta obvio, los problemas económicos, sociales y laborales que padece la sociedad local tienen su reflejo en el ámbito educativo. Inevitablemente, el fracaso escolar alimenta sus elevados índices en Ceuta con los niños de las barriadas más depauperadas. El libro “Crisis económica y desigualdad en un espacio fronterizo: Las condiciones de vida de la población de Ceuta”, un estudio suscrito por los profesores Rontomé y José Miguel Cantón, se precisaba que el riesgo de pobreza en Ceuta superaba el 50% en barriadas como El Príncipe, Benzú, Bermudo Soriano o La Almadraba. Los índices de abandono temprano de la educación se sitúan en Ceuta en torno al 30%.

Esta compleja realidad social se enfrenta de continuo a una actitud de incomprensión que, sorprendentemente, en muchas ocasiones se cultiva en las propias instituciones. Sólo un ejemplo. En 2012, el por entonces ministro de Educación, José Ignacio Wert, llegó a atribuir el fracaso escolar en la ciudad a la “avalancha marroquí” que acudía a beneficiarse del sistema educativo español.

 

¿Por qué fracasan más en el colegio los niños que tiran piedras a los bomberos?

A las inevitables consideraciones socioeconómicas a las que hay que aludir a la hora de tratar de ofrecer una explicación de la ineficacia demostrada por el sistema educativo en Ceuta resulta imprescindible añadir el escollo de la lengua.

Alrededor del 68% de los niños escolarizados en la escuela pública son arabófonos.      El estudio “El contacto de lenguas en Ceuta”, publicado en 2013 por la profesora Verónica Rivera, incidía en que el 48,9% de los alumnos arabófonos reconocían que aprendieron español al llegar al colegio, frente al 36,7% que aseguraba haberlo hecho en el hogar. El resto sostenía que no lo recordaba.

El profesor de la Universidad Autónoma de Madrid Francisco Moscoso, citando la estadística proporcionada por Rivera y sus conclusiones, asegura en su artículo “El árabe ceutí, una lengua minorizada”: “La conclusión a estas reflexiones es que la niña o el niño arabófono bilingüe es educado únicamente en español y que este particular incide negativamente en el desarrollo de su lengua materna o nativa a nivel académico, colaborando así a que se acentúe el fracaso escolar”. Moscoso se muestra ferviente partidario de la enseñanza conjunta el español y el árabe ceutí en la escuela pública.

 

¿Por qué, llegada la edad adulta, los niños que tiran piedras a los bomberos enfrentan más dificultades para encontrar empleo?

Este lastre en la formación aboca a este sector de la población, tal y como más arriba apuntaba el profesor Rontomé, a una más que probable exclusión del mercado laboral, y, con ella, al cercenamiento cierto de sus posibilidades de promoción social.

Las autoridades ya han reconocido sin ambages que la economía local carece de capacidad para absorber las exigencias de empleo que plantean los ceutíes, una realidad tanto más inquietante si se considera el volumen de población joven residente en la ciudad, uno de los mayores de España junto a Melilla y Canarias.

“El fracaso escolar supone cerrar la vía para que estos chicos puedan escapar a la Península a competir con otros jóvenes en la búsqueda de un empleo –continúa Rontomé- Están casi condenados a no abandonar la ciudad y a perpetuar ese círculo vicioso del que antes hablaba”.

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