Sucesos/Tribunales

El terror de Fatiha y su hija, agredidas por su ex yerno y amenazadas por la familia de este

ROSALES
photo_camera Barriada de Los Rosales, donde residen las víctimas. (C.A)

La denuncia de una agresión por parte de su ex yerno se ha convertido en una verdadera pesadilla para Fatiha y su hija. Dos mujeres ceutíes que viven encerradas en casa, con miedo a salir por las represalias que pueda tomar la familia de su agresor, detenido y trasladado a prisión un mes después de herirla en la cabeza tras arrojarle una piedra. Esta es la historia de la desesperación de dos mujeres que se sienten indefensas y a las que este mismo jueves agredían de nuevo, en este caso destrozando los cristales de una de las ventanas de su domicilio.

La vida de Fatiha, de 48 años, cambió radicalmente hace casi un mes. Desde ese día, ella, su hija, de 24 años, y el bebé de apenas un mes de esta última viven aterrorizados. El pasado 11 de abril, día en que se inicia esta historia, era la fecha prevista para inscribir a su nieto en el Registro Civil, tenía apenas 5 días. Una mañana como otra cualquiera en la que esta ceutí daba el biberón a su nieto mientras su hija despertaba a su pareja, un hombre de 29 años, para acudir a realizar el trámite en las dependencias de Maestranza.

Casi un mes después aún desconoce el detonante, solo sabe que cuando su hija acudió a despertarlo el que era su yerno se puso agresivo, comenzó a insultar a la joven y al ser increpado por ella misma su respuesta la dejó helada, “tú no te metas, hija de puta, cuando yo hable con mi mujer, aunque le pegue una hostia”. Fue suficiente, en ese mismo momento le echó de su casa. Una medida que, sin embargo, sirvió de poco, les esperaba en la puerta, desde donde continuó insultándolas, a la vista de todos los vecinos, y amenazándolas, “te voy a abrir la cabeza”, asegura que les dijo, y así lo hizo apenas un rato después, cuando madre e hija y, por supuesto, el bebé, salían del Registro Civil y caminaban tranquilamente por la calle Real, a la altura del supermercado La Reina. Fue allí donde le lanzó una piedra que le impactó en la cabeza. “Me quedé aturdida, no sabía lo que era... de pronto escuché a mi hija gritar y entonces me vi la sangre”. Era ella quien en ese momento portaba a su nieto, quien podría haber recibido el impacto, que fue sostenido inmediatamente por su hija y por quienes acudieron a socorrerla. Su ex yerno, a quien había acogido en su casa hasta apenas unas horas antes, observaba la escena desde arriba y solo echó a correr cuando apareció la Policía, momento en que se dio a la fuga. Entretanto, Fatiha era trasladada al Hospital Universitario, donde para cerrar la herida era necesario aplicarle 9 “grapas”. Posteriormente, interponía la denuncia, por violencia de género y tentativa de homicidio. Era solo el inicio de la pesadilla.

ventana

Desde entonces, oculto en casa de sus familiares, comenzaron las llamadas y las amenazas. “Desde ese día comenzó el calvario”, relata, a pesar de que les pusieron protección policial al considerar que se trataba de un caso de riesgo extremo (una protección que se retiraba unos días después sin saber muy bien por qué). Las llamadas de la familia, explica, han sido continuas, las amenazas... Unas llamadas tanto de la ex pareja de su hija como de algunos de sus familiares que se repetían a cualquier hora del día, y de la noche. De nada sirvió bloquearle, siempre encontraba la fórmula para volver a ponerse en contacto y para seguir infundiendo terror a estas dos mujeres durante casi un mes, el tiempo que ha tardado en producirse su detención.

Antes de la misma, el pasado día 2, merodeaba por los alrededores de la casa familiar con un cuchillo, fueron los propios vecinos los que alertaron a Fatiha. De nuevo la llamada a la Policía, de nuevo la huida. Apenas dos días después una llamada termina de romper a las dos mujeres. “Nos dijo que nos iba a quemar, que lo que me había hecho el día 11 era poco para lo que me iba a hacer”. “Llamamos de nuevo a la Policía, fuimos a Comisaría y denunciamos”, explica. En ese momento, de nuevo, les pusieron protección policial, una patrulla 24 horas a las puertas de su casa. Unas horas después, ya con la orden judicial que permitía a las fuerzas de seguridad entrar en el domicilio en el que se ocultaba el agresor, se producía la detención.

La pesadilla, sin embargo, no ha terminado. Tras declarar ante el juez, su agresor ha sido trasladado a prisión pero las amenazas de sus familiares continúan. “Nos están vigilando”, asegura. Y es que en la mañana de este jueves, cuando ambas mujeres acudían al juzgado para ver al médico forense, una pedrada ha destrozado la ventana de su casa. No han podido, pese a ello denunciar, ellas se encontraban fuera de la vivienda y los vecinos o no han visto nada o no quieren hablar, aunque sus sospechas son claras, creen que han mandado a algún amigo o algún familiar para seguir asustándolas.

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“No dormimos”, señala, porque tienen miedo. Miedo de que entren en su casa, miedo de que les hagan daño. “Mi hija está en un estado de ansiedad continuo”, “no podemos salir de casa”.

Lo cierto es que antes de alcanzar esta situación, la ex pareja de su hija ya había mostrado algún comportamiento violento, algo que Fatiha desconocía, de lo que se ha ido enterando en este mes de sufrimiento.

“Nuestro miedo ahora – confiesa – es que la familia venga a por nosotros, que intenten vengarse”. Es por eso que permanecen encerradas en casa, “no puedo dejar a mi hija sola con el bebé, está con una depresión que no levanta cabeza. Nos ha paralizado nuestra vida”.

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