La hija de la fallecida se echó a llorar cuando supo que su padre la inculpaba: “¿Por qué me hace eso?”

Un momento del juicio del crimen de Parques de Ceuta

El abogado Javier Cabillas pidió en su informe final hasta 42 años de cárcel para el acusado de matar a María Ángeles Lozano y reveló que le ocultó a su clienta, la hija de la fallecida, que su progenitor la inculpaba a ella hasta pocos días antes del juicio: “No podía dejar que llegara a la sala y escuchara esa barbaridad sin saberlo antes”, contó

 

El abogado de la acusación particular, Javier Cabillas, tomó la palabra durante la sesión de tarde del juicio por el crimen de Parques de Ceuta para hacer su informe final. El letrado, que representa a la hija de la asesinada, María Ángeles Lozano, se adhirió a lo expuesto por la Fiscalía previamente, pidiendo condena para A.G.D., el esposo de la fallecida, como responsable de cuatro delitos. El de asesinato, el de maltrato habitual y dos contra su joven representada, uno de lesiones físicas y otro relativo a su integridad moral. Durante su exposición se mostró muy duro con que el hombre pretenda acusar a la niña: “No lo he visto en la vida, es una barbaridad. Una continuación de los malos tratos”, espetó.

Previamente, durante su turno de conclusiones, Cabillas había interesado sumar a su escrito inicial eso último delito citado en el párrafo previo y tres agravantes. Esto eleva la pena solicitada hasta los 42 años.

Para el abogado, con la prueba practicada está “sobradamente acreditado” que el disparo lo llevó a cabo el acusado, policía local, con su arma reglamentaria. “El sentido común indica que lo que una persona dice en el mismo momento en que ocurren los hechos es espontáneo, literal y lo que más se aproxima a la verdad”, planteó.

Teniendo en cuenta esa premisa, A.G.D., en la cocina de su casa, el mismo 14 de marzo de 2022 y con el cadáver de Lozano sobre el suelo, “les dijo a los agentes que acudieron, amigos suyos de la policía local, ‘la he matado’”. “Eso es apabullante. Una prueba de cargo que difícilmente se puede rebatir”, subrayó Cabillas.

Estas manifestaciones se apoyan además en “la llamada al 062 suplicado por su hija”: “Les dice 'se me ha escapado un tiro y me he dado a mi mujer'. No reconoce voluntariedad, pero sí que se le 'ha escapado'”, agregó el letrado, que observa como A.G.D. no duda ni en el momento ni en los meses posteriores que él mismo haya sido el responsable del disparo.

En ese contexto , el abogado habló de su cliente, la hija de Lozano, como “una valiente” que con solo 17 años se enfrentó a su padre, Policía Local, para que no matara a su madre a punta de pistola en la cocina de su casa. “La versión de la niña es lo más coherente que podamos encontrar (…) Gracias a ella hemos podido hacernos una idea de lo que pasó aquel día”, dijo Cabillas al jurado, destacando cómo ha mantenido siempre su relato, desde el mismo día del crimen hasta la actualidad.

“Todo cuadra”, lo explicado por los agentes de la Policía Nacional, que siempre vieron a la joven como víctima y a su padre como el asesino También lo expuesto por el instructor de tiro, que detalló durante la vista cómo puede producirse una herida al manipular un arma, encajando el daño que la niña se hizo en la mano el día de autos con que hubiera sujetado la muñeca de quien disparó.

Los cambios de versión, maltratar a la hija y pruebas que no cambian nada

La idea de acusar a la hija llegó después. Pasados muchos meses. “No deja de sorprenderme, es la línea de defensa más agresiva, más dolorosa que alguien puede hacer. Es tremendo, no lo he visto en la vida”, valoró Cabillas, que ve en la declaración del hombre “una continuación de los malos tratos”. 

En este sentido, el letrado apuntó que durante todo el procedimiento judicial no le dijo nada a su joven clienta sobre esto: “cuando quedaban unos días para el juicio tuve que decírselo. No podía dejar que escuchara aquí lo que iba a escuchar sin saberlo. Lloraba sin parar y decía, ¿por qué me hace eso?”.

Los constantes cambios de versión de A.G.D. hacen pensar al letrado de la acusación que todo es mentira. Tampoco ayuda que solo haya querido contestar en sala a las preguntas de su abogada, la muy cuestionada Inmaculada Güil.

Las fallidas periciales de la defensa, especialmente la del ADN, desmontada por los expertos de la Policía Científica, también aparecieron en el informe de Cabillas. Las dudas de Josñe Jiménez Planelles y el doctor José Cabrera y Foreiro, los dos comodines estrella que se había guardado la defensa, vienen para el representante de la acusación particular a confirmar la culpabilidad del marido de Lozano. “Han venido a crear una incertidumbre que no hay. Al final al acusado solo lo creen su madre y su hermana”, hurgó Cabillas.

El comportamiento de la hermana

Como hiciera fiscalía, el letrado de la acusación también realizó mención al testimonio de la hermana del supuesto asesino durante el juicio. Una intervención muy controvertida en la que señalaba a la hija de su hermano como autora voluntaria del crimen.

“Dijo que recibió una llamada el mismo día de los hechos diciendo que su sobrina había sido quien mató a su madre. Nunca lo dijo, nunca declaró, teniendo esa información tan importante y tampoco investigó quién le hizo esa llamada”, relató el abogado. Luego le dio un tirón de orejas por asegurar que “la niña estaba contenta y feliz por lo ocurrido”.

Contra los atenuantes de la defensa

Siguiendo también la estela del Ministerio Público, el letrado se mostró en contra de las atenuantes que solicita la defensa de A.G.D.. No ve ni siquiera colaboración, citando que escondió la pistola y que fue cambiando su versión. “Ojalá hubiera colaborado. Ante la aplastante prueba sobre su autoría la hubiese reconocido y el juicio se hubiera limitado a lo más discutible”, señaló a mitad de su informe.

“Seguro que se hubiera beneficiado de alguna rebaja de pena”, añadió, mostrándose muy sorprendido con que, a tenor de lo ocurrido en la sala, el hombre se atreva a solicitar cualquier circunstancia que rebaje una posible condena, incluida aquella que dé por entendido que Lozano tuvo posibilidad alguna de defenderse ante el mortal ataque.

Asesinato con alevosía por un divorcio y malos tratos continuados

Todo pasó porque Lozano quería divorciarse y ese proceso estaba en marcha. Así de claro lo tiene Cabillas: “Por eso la mató”.

Le cuadra al abogado este extremo tanto por la declaración de la psiquiatra de A.G.D. a la que la mujer confesó su intención de separarse, como por la actitud que el hombre tenía con su hija. “Los últimos días le pedía un beso. Cariño. Estaba preparando el terreno. Lo que nunca hacía”.

A esa teoría se suma la pericial de los forenses, que señalaron al divorcio como “catalizador habitual” de los asesinatos por violencia de género, en este caso “con alevosía”.

Hasta llegar a ese punto, un largo historial de malos tratos contados durante el juicio “por personas que están dentro de la familia”: “La vida de Mari Ángeles (Lozano) era una vida controlada por este hombre. Su teléfono, su ropa y hacía lo que a él le viniera en gana y ella no rechistaba porque le tenía pavor”, agregó Cabillas, que rechazó la no existencia de denuncias o mensajes agresivos como indicios suficientes para descartar la violencia de género, poniendo en valor, por contra, lo dicho por los expertos.

Sin enfermedad mental clara

“Esta acusación entiende que no hay ningún motivo para atenuar la pena al acusado”, expuso el abogado de la joven en el último capítulo de su informe. Para él, por un lado están “los criterios médicos y en otro los del sentido común”.

Las dolencias mentales diagnosticadas a A.G.D. no tienen relevancia en el juicio desde el punto de vista de Cabillas, que considera importante únicamente cómo se encontraba el hombre el día de los hechos, es decir, el 14 de junio de 2022.

Insistió el letrado en que solo la psiquiatra privada particular del acusado vio esas enfermedades durante veinte años, “con visitas irregulares y escasas”, ocultándole además datos. “Ni el nombre se lo facilitaba, ni la profesión”, puntualizó. Una actitud “oscurantista” que llevó a diagnosticar tres trastornos “basándose únicamente en las entrevistas con el paciente”.

Eso deja para la acusación particular un amplio campo para que A.G.D. “manipule” y “teatralice”, buscando un rédito en forma de rebaja de pena. “Estuvo un año sin hablar de su dolencia y de pronto recuerda que tiene ahí un medio de defensa, que tiene un informe y empieza su lucha para intentar que eso que tiene diagnosticado se lleve a los hechos del día 14”.

Nadie advirtió tampoco en el cuerpo de la Policía municipal que el supuesto asesino tuviera un problema de salud mental. Algo que aprovechó también Cabillas para interesar que no se acepte atenuar la condena si está al final se confirma.