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La mediática nueva Ley Lynch en Ceuta

Javier Díez Nieto |

Ceuta Actualidad | 28 de febrero de 2020

La ley de Lynch (es decir, el linchamiento popular), aunque creo que todos la conocemos, fue una ley surgida en américa del norte a finales del año de 1796, que surgió de los tribunales populares e irregulares para castigar a aquellos que consideraban culpables sin más juicio que la opinión dominante. Era una ejecución sin proceso alguno, que de forma tumultuaria era precedida por un simple arresto. Es decir (…) ¡Una ley de sangre y venganza popular!. Con ella los exterminadores populares despedazaban a los que consideraban, bien por convicción propia, venganza o simplemente convencidos por otros que la ejecución de aquellos condenados era justicia. Ignoraban que simplemente eran dirigidos por los sentimientos y los instintos de la turba popular, que nunca descansa en sus ladridos llenos de goteras de inmundicia y venganzas aldeanas.

Ahora, esta ley esta proscrita de forma legal en todos los países que consideramos democráticos, como lo es España, pero que está resurgiendo de nuevo, de forma solapada y larvada por las nuevas corrientes mediáticas que se están imponiendo en nuestra sociedad. Porque sin saberlo y creo (espero que sin quererlo), asistimos todos los días a tediosos debates populares que nos muestran nuestros medios de comunicación juzgando y condenando a todos aquellos infelices, que caen en las garras de su necesidad de llenar sus espacios mediáticos, sin juicio previo legal y real.

Y esto lo estamos viendo claramente en nuestra ciudad, donde algunos docentes han sido inmediatamente acusados de abusos a sus alumnos sin más prueba que la simple denuncia de unos familiares. Aquí hemos visto como la simple denuncia de parte sin más investigación ha sido suficiente para que las fuerzas y Cuerpos de Seguridad, se presenten en un colegio procedan sin contemplaciones a la detención de un profesor, que inmediatamente ha sido encarcelado y puesto a disposición judicial. ¡Solo se ha necesitado una simple denuncia de alguien, quizás preocupado pero no seguro de que lo que denunciaba creía como cierto! Luego la policía, no ha querido compromisos, y por ello han actuado como la ley exige, no preguntan, no juzgan y simplemente ponen a disposición judicial al denunciado. Por su parte nada que exigirles, ya que se imaginan que no lo hicieran, y luego resultara que la denuncia fuera cierta. ¡Pobres funcionarios policiales si no lo hacen así!

El problema es que los medios de comunicación, ávidos de noticias sensacionalistas que aumenten sus lectores, se lanzan rápidamente a la publicación de los hechos sin importarles el daño que puedan producir, ampliando el eco de los hechos supuestos a una ciudadanía que le resulta más fácil creer en la culpabilidad que en la inocencia de todos detenidos, considerados desde el primer momento culpables por el mismo hecho de la detención. Con ello, la comunicación de un posible hecho, aunque sea dudoso, se convierte para muchos en una realidad y el resultado ya lo hemos visto (…) ¡La ley de Lynch sigue de actualidad! Pero (…) ¿Cuantas zonas oscuras esconden estas ficticias realidades mediáticas?

Ahora, que alguien me explique, qué se hace con la dignidad, el nombre y el honor (palabra esta, que ya sé que está en desuso pero que a mí me gusta), de la persona que ha sufrido la detención y la acusación pública de algo que a lo mejor no hizo nunca? ¿Cómo vuelve a su colegio a dar clase, como si nada hubiese pasado? ¿Quién y cómo, se quita la sospecha de que a lo mejor todo era cierto? Y sobre todo (…) sobre todo (…) ¿Cómo van a ejercer sus funciones escolares los demás profesores, pensando que mañana pueden ellos los acusados? Estas y otras muchas cuestiones, supongo que planean sobre las cabezas de nuestros docentes y (…) ¿Quién les dice que no tienen razón para sospechar de cada alumno que hay en sus aulas y de sus padres?

Quizás el futuro, nos obligue a construir aulas y colegios separados por cristales donde los profesores y los alumnos no tengan contacto físico alguno para impedir esta maldita ley de Lynch que día a día nos imponen los medios de comunicación. ¿Sera la soledad y la desconfianza lo que queremos que habiten en nuestros colegios?

Y para terminar desde estas líneas, quiero expresar, mi total apoyo y gratitud a los profesores que educan a nuestros hijos.

 

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