Opinión

¿Cautela o corrupción?

A uno de estos dos caminos se echan los ciudadanos que deciden, en algún momento, dedicarse a la política. Afortunadamente son más los que optan por la cautela, que, en política, como la prudencia o el sentido común, valen su precio en oro. La no aplicación de estos recomendables principios son la primera causa de disgustos y penalidades; las consecuencias suelen ser de diversa consideración, por lo general, suelen ser siempre de carácter grave.

 

A uno de estos dos caminos se echan los ciudadanos que deciden, en algún momento, dedicarse a la política. Afortunadamente son más los que optan por la cautela, que, en política, como la prudencia o el sentido común, valen su precio en oro. La no aplicación de estos recomendables principios son la primera causa de disgustos y penalidades; las consecuencias suelen ser de diversa consideración, por lo general, suelen ser siempre de carácter grave.

A los que prefieren ignorar y no poner en práctica estos esenciales principios les suelen llegar causas por tráfico de influencias, prevaricación, cohecho…, acompañados de otros delitos como administración desleal, apropiación indebida etc… pues son compañeros inseparables en un viaje sin retorno de la corrupción política. En la Comunidad de Madrid, muchísimos políticos del PP están cayendo un día sí y otro también. En nuestra ciudad a algunos se les ven maneras.

Otras formas de corrupción a considerar pueden ser el invigilando cuando se utilizan recursos públicos. Igualmente, también lo es reclamar fondos públicos para solidaridad en una dimensión que menoscabe los intereses de los conciudadanos en momentos en los que no están atendidas sus propias necesidades básicas. Esto no debería salir gratis, dado que incurrirían en otro de “irresponsabilidad” pues los que proponen medidas de solidaridad deberían explicar sus tesis solidarias a los demandantes de empleo, a los demandantes de una vivienda, a los solicitantes de una beca pero, sobre todo, a los jóvenes desempleados, por ejemplo.

Especial atención requieren los benefactores existentes en los ayuntamientos. El apoyo a fundaciones y los actos de solidaridad suelen esconder motivos espurios, pues el pillaje suele esconderse detrás de múltiples formas.

No nos fiemos pues de los conocidos como “hombres buenos” con dinero público. No estaría mal que en nuestras ciudades y ayuntamientos, en el mejor de los casos, éstos debieran estar obligados a llevar un ejemplar de los presupuestos a modo de soporte justificativos, sobre ingresos y gastos y explicar qué cantidad de solidaridad pretenden ofrecer en cada una de las causas. Este documento no les debería faltar nunca.

Son tantos los casos de corrupción en nuestro país que producen asco; tantos que no nos libramos de ella, tampoco en nuestra ciudad. Habrá que estar atentos, el Tribunal de Cuentas ha sido, y sigue siendo, pródigo en recomendaciones. El tufo que perciben algunos ciudadanos también delata que en nuestra ciudad existe invigilancia.

 

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