Opinión

La mala decisión de cerrar el Biutz

De nuevo, nos encontramos ante una sencilla y barata medida que aseguraba la impermeabilidad del paso.

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El paso fronterizo del Biutz está cerrado como todo el mundo sabe, por motivos de seguridad, argumento éste con la suficiente enjundia como para dejar de cuestionar la necesidad de devolverle, de nuevo, la utilidad que tuvo antes de que un día sufriera un asalto por parte de migrantes subsaharianos. Esta fue la razón.

Este paso cumplía dos cometidos importantes: uno, de carácter social, facilitaba el paso de los vecinos de la población que vive en esa zona de Benzú y, otro, el paso de determinadas mercancías. Volver sobre este asunto no es, ni más ni menos que saber, de primera mano, que el éxito de los asaltantes de ese día, pudo haberse evitado de haber atendido las recomendaciones de los agentes de la Guardia Civil que allí realizaban periódicamente sus servicios y que consistían, simplemente, en poner unos barrotes en la ventana por la que, finalmente, se colaron estos subsaharianos.

De nuevo, nos encontramos ante una sencilla y barata medida que aseguraba la impermeabilidad del paso. Se evidenció la falta de respuesta de quien debió atender un aviso tan importante que nos lleva a importantes consecuencias, por cuanto que, sobre esta omisión, se decide el cierre del paso en lugar de corregir las deficiencias que motivaron la entrada ilegal de aquellos inmigrantes en nuestro país.

Otra vez más, detrás, un pelagatos con sentido de la responsabilidad tardía decide no asumir la culpa de lo sucedido y tirar por la calle de en medio, castigando así a aquellos vecinos que hacían uso de la solidaridad de nuestro país utilizando ese cercano paso fronterizo. Desde luego, no es nuevo ver la adopción de una mala medida con la finalidad de ocultar el desconocimiento, la dejadez y la incompetencia con la que, algunos asumen, a menudo, tareas para las que no están ni medianamente a la altura.

El día que se tomó la mala decisión de cerrar este paso se frustró lo cotidiano. Con la medida de mantenerlo cerrado, se acabó con un aspecto solidario importante entre países vecinos, además de con la oportunidad de descongestionar, en la medida de lo posible, el paso fronterizo de El Tarajal. Ahora toca esperar a que, cuanto antes, se revoque esta medida y se retomen las conversaciones con las autoridades de Marruecos. Que regrese de nuevo el sentido común es fundamental para que, sobre todo, no paguen justos por pecadores.

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