Opinión

Ojo con la sentencia del Tribunal Supremo

No pude evitar, tras conocer la noticia, que se me viniera a la cabeza el caso del exalcalde de Jerez Pedro Pacheco.

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Tras conocer la sentencia del Tribunal Supremo en la que se anulaba los nombramientos de viceconsejeros por parte de la Ciudad, se acaba con una práctica que, por su dilatado recorrido, ha dado la oportunidad de ser refrendada por cada una de las instancias judiciales por donde el favorecedor ha querido que pasara, con el único fin de ganar tiempo y sacar mayor provecho para los ocupantes de un cargo que no les correspondía. De esta manera se ponen las cosas en su sitio, dejando así las competencias de nuestra ciudad en el lugar que le corresponde.

No pude evitar, tras conocer la noticia, que se me viniera a la cabeza el caso del exalcalde de Jerez, Pedro Pacheco, quien ocupó el cargo durante 24 años, que fue también diputado al Parlamento Europeo y diputado al Parlamento Andaluz; una brillante carrera política que, sin embargo, no le sirvió para que se diera cuenta que determinados nombramientos y hechos excedían a sus competencias. En sólo uno, “enchufar” como asesores a dos compañeros de partido en empresas municipales, conocido como el caso “Asesores”, le supuso una pena de cinco años y medio de cárcel, más otro tanto de inhabilitación.

En Ceuta, la bondad de nuestros políticos para con nuestro querido alcalde hace que los nombramientos y determinadas conductas que se han venido produciendo en nuestra ciudad no tengan consecuencias, pese a que “presuntamente” lleven consigo delitos de prevaricación y malversación de caudales públicos, entre otros. Que las dilaciones innecesarias a través de los recursos interpuestos tenían como único fin el mantener el favor a los agraciados; eso sí, con dinero del erario público, y eso tampoco se ha tenido en cuenta.

Por eso me pregunto, si después de las oportunidades que ha tenido, será capaz de reinventarse y buscar encaje, a todas luces ilegal, en forma de estafa procesal como se ha venido “presuntamente” produciendo y seguir con la práctica. ¿Seguirá tentado la suerte hasta que lo coja el toro?

Yo no lo desearía, sinceramente. ¡Que alguien se lo diga por favor...!

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