El Capitalismo de Estado con Estrellas y Barras: la traición de Washington a su propio modelo

Artículo de opinión de Jesús González, presidente de Think T ank Hispania 1188

Introducción: la ironía de la historia

Durante casi un siglo, Estados Unidos construyó su legitimidad global sobre un principio innegociable: el libre mercado. Fue la bandera frente al comunismo soviético, el argumento contra el “capitalismo de Estado” chino, y la razón última por la que Silicon Valley se convirtió en la incubadora más dinámica de innovación mundial. Hoy, sin embargo, Washington ha comenzado a dinamitar su propia narrativa: adquiere participaciones en multinacionales estratégicas, crea fondos soberanos y dicta desde el poder central el futuro de sectores enteros.

El país que acusó a China de manipular el mercado… se está convirtiendo en China.

I. El caso Intel: una nacionalización encubierta

La decisión del Departamento de Comercio de comprar un 10 % de Intel es mucho más que un movimiento contable. Se financia con dinero del contribuyente —supuestamente destinado a investigación e innovación en semiconductores— y convierte al Gobierno en accionista directo de una empresa privada.

Esto es exactamente lo que Washington reprochaba a Pekín: intervencionismo, control accionario del Estado, manipulación estratégica de empresas para fines políticos.

¿El resultado? Un Silicon Valley tutelado, donde la agilidad privada se ve sustituida por el paternalismo federal.

II. ARM y NVIDIA: la oportunidad perdida

Mientras tanto, en 2020–2022, se bloqueó la compra de ARM por parte de NVIDIA. Se argumentó que podía dañar la competencia. La realidad es que EE. UU. perdió el control de la arquitectura de procesadores móviles más extendida del planeta. ARM quedó en Londres, vulnerable a inversiones externas, incluida la entrada de capital chino.

Es decir:

  • Se frena a NVIDIA, uno de los campeones tecnológicos de EE. UU.

  • Se entrega ARM al juego internacional.

  • Se bloquea la consolidación que hubiera dado a Washington un dominio absoluto de la cadena global de chips.

Un error estratégico colosal.

III. El doble rasero frente a China

Durante décadas, EE. UU. criticó a Pekín por tres prácticas:

  1. Participaciones estatales en gigantes tecnológicos.

  2. Subsidios masivos a sectores estratégicos.

  3. Fondos soberanos para dirigir capital hacia objetivos geopolíticos.

Hoy, Washington hace exactamente lo mismo:

  • Intel = capital público inyectado.

  • MP Materials = intervención directa del Pentágono en tierras raras.

  • Fondo soberano de Trump = copia de los fondos de inversión estratégicos chinos.

La ironía es brutal: el modelo liberal estadounidense se autodestruye, y lo hace por miedo a China, adoptando sus métodos.

IV. Capitalismo de Estado con Estrellas y Barras

Este “nuevo modelo” es letal para la propia ventaja comparativa de EE. UU.:

  • La innovación disruptiva nació de la libertad empresarial sin tutelas.

  • El venture capital privado arriesgaba donde el Estado no se atrevía.

  • La competencia feroz entre empresas garantizaba avances constantes.

Si el Gobierno se convierte en accionista, ¿cómo competirán las startups? ¿Quién invertirá en rivales de Intel si el Departamento de Comercio es juez y parte? Lo que se abre es un escenario de favoritismo, amiguismo y captura regulatoria.

V. La contradicción ideológica

El daño no es solo económico. Es también moral y político.

  • ¿Cómo puede EE. UU. seguir dando lecciones de libre mercado a países emergentes?

  • ¿Con qué credibilidad acusará a China de capitalismo de Estado?

  • ¿Cómo justificar ante sus aliados que lo que antes era “comunismo encubierto” ahora es “defensa nacional”?

El relato liberal de Washington se desploma en el momento más delicado: cuando necesita más que nunca mantener su hegemonía ideológica.

VI. La lección de la Guerra Fría

En la Guerra Fría, Estados Unidos venció a la URSS precisamente porque no cayó en la trampa del intervencionismo absoluto.

  • La URSS se ahogó en planificación centralizada.

  • EE. UU. liberó la energía del mercado, que produjo Silicon Valley, el microchip y la revolución informática.

Hoy, Washington parece olvidar esa lección: repite los errores soviéticos en nombre de la competencia con China. Una ironía histórica de consecuencias potencialmente fatales.

VII. Conclusión: el precio de la contradicción

Estados Unidos se enfrenta a una mutación estructural: de referente del libre mercado a laboratorio de un nuevo capitalismo de Estado.

En lugar de confiar en la creatividad de sus emprendedores, se aferra al músculo del Tesoro y a la mano invisible… del Gobierno.

La paradoja es clara: lo que se hace para derrotar a China es, en realidad, lo que puede convertir a EE. UU. en una caricatura de China.

La pregunta final es letal¿Puede sobrevivir el modelo americano si se traiciona a sí mismo?