La frontera: todo sigue igual
Marruecos, una y otra vez, se empeña en morder la mano que le dio de comer. Ya han pasado unas semanas desde las declaraciones del Sr. Lahcen Haddad, senador y copresidente de la Comisión Parlamentaria Mixta UE-Marruecos, como así es presentado por el insigne periodista Ignacio Cembrero en el periódico El Confidencial. Y todo sigue igual. Las dogmáticas declaraciones del Sr. Lahcen ya no nos sorprenden. Más de lo mismo, sigue la línea marcada.
De nuevo, toda una clara demostración de deslealtad institucional e ingratitud hacia España, la misma que un día los administró y los protegió como pueblo durante años y que, de nuevo, vuelve a ser objeto de menosprecio por parte marroquí.
El cinismo del que hace gala en sus manifestaciones el Sr. Lahcen, ignorando adrede una etapa de la historia que sirvió para que Marruecos sea lo que es hoy, mal que le pese, demuestra un bajo perfil, no solo político, sino que además deja patente un profundo desconocimiento de su propia historia.
No tomar en cuenta la relevancia que las dos ciudades españolas tuvieron en el desarrollo no solo de las zonas vecinas, sino también en el conjunto del país, es de clara y manifiesta ingratitud, seguramente fruto de la política expansionista voraz a la que se ha dedicado Marruecos.
Llamar aduana comercial a lo existente entre Ceuta y Marruecos es una mofa; no es más que el deseo de tomar el pelo al otro. El cinismo empleado para explicar lo inexplicable, como recurso, es grotesco y la pantomima, repulsiva.
En fin, esta extravagante comedia a la que nos tienen acostumbrados las autoridades de Marruecos es cada día peor recibida por los ciudadanos de ambos lados, y la desafección de estos es cada día más patente. Las excusas ya no sirven; el mal llamado “celo profesional” o la adaptación en la gestión no es más que una patraña llamada a entorpecer y perjudicar los intereses de los ciudadanos de ambos países.
Y cansa. Cansa saber que no habrá una solución que proporcione la normalidad que debería haber por falta de voluntad política. Y siguen. Siguen sin sentir el más mínimo respeto a las personas que transitan por este paso fronterizo, por culpa de un mal sistema, de una mala estrategia y de la mala fe. Se trata de la sinrazón personificada, aunque esté socavando la poca credibilidad que le queda a Marruecos.
El último artículo que dediqué a la situación en la frontera sigue estando de plena actualidad, pues nada ha cambiado. Entonces apunté a la nula voluntad que el rey Mohamed VI tiene para normalizar las plenas relaciones con España, salvo en lo que atañe a sus propios intereses. Quise descargar la responsabilidad sobre la incapacidad, tozudez y falta de sensibilidad y de altura de miras de algunos políticos y funcionarios que asumieron la responsabilidad de poner en marcha con normalidad la aduana comercial, cuando todo el mundo sabe que todo depende de quien depende.
Destaqué la importancia de que se hubiera acabado con el vergonzoso “comercio atípico”, por aberrante e inhumano, aunque consentido por ambos países. Llamaba la atención sobre lo importante que es luchar por lograr un mejor lugar en el ranking de esas sociedades civilizadas, muestra de garantía de derechos civiles a la que todos debemos aspirar y que seguimos reclamando como forma de vida entre ciudadanos de Ceuta, Melilla y Marruecos a través de esos pasos fronterizos que nos unen.
Pues nada, demoras injustificadas y exhaustivos y ridículos controles hacen desistir, incluso, a los más pacientes, aunque se mueran de ganas por visitar a familiares y amigos o, simplemente, deseen pasar un día de compras.