Opinión

Otra vez

Todo ha empezado. Otra vez. Aunque en esta ocasión la confianza en que después las cosas sean distintas sea mayor. O quizás no. La idea de que el bipartidismo político en España se ha desmoronado ha alcanzado un amplio consenso, aquilatado a lo largo de los últimos meses. La llegada de nuevas fuerzas políticas ha ejercido un efecto vigorizante sobre los lánguidos cuadros directivos de los partidos tradicionales, que, de improviso, han rejuvenecido a sus jerarcas para lanzarlos al inmisericorde circo de la televisión.

Todo ha empezado. Otra vez. Aunque en esta ocasión la confianza en que después las cosas sean distintas sea mayor. O quizás no.

La idea de que el bipartidismo político en España se ha desmoronado ha alcanzado un amplio consenso, aquilatado a lo largo de los últimos meses. La llegada de nuevas fuerzas políticas ha ejercido un efecto vigorizante sobre los lánguidos cuadros directivos de los partidos tradicionales, que, de improviso, han rejuvenecido a sus jerarcas para lanzarlos al inmisericorde circo de la televisión.

El riesgo estriba en que todos, con el propósito de ser muy diferentes a lo hasta ahora conocido, acaben pareciéndose demasiado entre sí. Los nuevos, por avanzar hacia terrenos que todavía no habían sido hollados –lucha contra la corrupción, democratización de las estructuras de los partidos, atención a los más desfavorecidos. Los antiguos, por emular a los anteriores para no quedar rezagados en la carrera.

La esperanza es lo último que se pierde, sin embargo.

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