Opinión

El Canto del Cisne

Estuve este domingo en el concierto que Bon Jovi ofreció en Madrid. Lleno total en el Wanda metropolitano para ver y oír a uno de los roqueros más icónicos de los ochenta y los noventa del siglo pasado. Es imposible entender el rock sin temas como it’s my live o always y la puesta en escena no defraudó. Pero enseguida pudimos percibir que el que estaba en el escenario sólo era un eco lejano de aquella maravillosa voz que a tantos nos cautivo en su tiempo.

Arropado por una extraordinaria banda y por bastantes trucos de profesional curtido, salvó el concierto, pero fue más por la comprensión y el cariño de los asistentes, que por su capacidad actual de emocionar. Nada que reprocharle. Ninguna culpa. Tampoco nos equivocamos los que pagamos la entrada, porque fuimos a buscar en él nuestro propio pasado, a detener el tiempo. Imposible. El tiempo todo lo desfigura, pero el recuerdo y, sobre todo, la obra bien hecha quedan para siempre. Y en ese sentido, Bon Jovi siempre estará, porque ha escrito muchas grandes páginas del pop y del rock.

No es fácil aceptar para alguien grande que su tiempo ha terminado, que quedan sus obras, pero que debe dejar paso. No es fácil ni para sus fans o seguidores, que no quieren que desaparezca, pero es la ley más natural de todas las que existen. Y lo que vale para un gran artista, vale para cualquier grande en cualquier actividad, por mucho que cueste aceptar que nos toca ceder el paso.

A nadie le gusta ni recibe de buen grado el hecho de que ya no es quien fue, de que sus facultades han mermado y su capacidad de dar la respuesta de lo que de él se espera ya no se produce. Lo sé por experiencia propia. Es difícil aceptar la crítica y también es difícil decírselo

 a alguien que debería ser consciente de las limitaciones que el tiempo le ha puesto encima, pero es lo más honrado para uno y para otros, porque lo que esperamos de quien pudo mucho y ya no puede, jamás se va a producir. No hay marcha atrás ni se pueden recuperar momentos pasados. Queda lo hecho, que entre los grandes es mucho y en algunos casos perdurable.

Hoy, lejos de los cargos públicos me siento bien. He podido colaborar con un grande: el Presidente Vivas, quien ha hecho en Ceuta grandísimas cosas. Le considero un buen amigo y le agradezco su confianza y apoyo, incluso después de las últimas elecciones, pero también creo que tanto hecho, su obra de años, merece ser recordada sin que haya que recurrir a disfrazar mermas o trucos de profesional experto en la puesta en escena.

No ha engañado a nadie, pero cuando la voz está quebrada ya no se puede interpretar ni siquiera tu propia obra con solvencia, como Bon Jovi. Es más, always ni sonó. Ya no podía, ni arropado por sus músicos.

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