Opinión

La muerte en directo

Con la noticia trágica del fallecimiento en accidente de circulación de un conocido ceutí tras impactar con un autobús que estaba parado en un semáforo de la calle Independencia, la conocida por "La Brecha", se dispararon los rumores por la red y a través del whatsapp al cobijo de las imágenes agónicas y mortuorias del finado tendido en la carretera. Una vez más se demuestra que el móvil es el morbo personificado en este siglo.

Con la noticia trágica del fallecimiento en accidente de circulación de un conocido ceutí tras impactar con un autobús que estaba parado en un semáforo de la calle Independencia, la conocida por "La Brecha", se dispararon los rumores por la red y a través del whatsapp al cobijo de las imágenes agónicas y mortuorias del finado tendido en la carretera. Una vez más se demuestra que el móvil es el morbo personificado en este siglo.
Las comunicaciones han experimentado un avance tecnológico que convierte cualquier aparato capaz de captar imágenes en una herramienta para cualquier cosa que ponga patas arriba la conciencia social y moral del ciudadano.
Nadie se puso a hacer fotografías, al parecer éstas se hicieron solas. Algunos, en vez de coordinar al servicio de emergencias o remangarse para coordinar el tráfico y consolar a los viandantes, se pusieron deprisa y corriendo a coger el móvil y a echar fotos a diestro y siniestro.
Traigo aquí dos sucesos que conmovieron al mundo hace ya treinta años. Sus protagonistas murieron tras una singular tragedia y fueron inmortalizados por dos reporteros que, sin saberlo y en el  cumplimiento de su deber, pasaron a la historia por estar en el sitio oportuno en el momento adecuado.
Ni los más viejos del lugar recuerdan ya un suceso como el de Paquirri en la plaza de Pozoblanco o la niña colombiana Omaira Sánchez en el volcán Nevado del Ruiz.
Al corresponsal cordobés Antonio Salmoral el 26 de septiembre de 1984, en la plaza de Pozoblanco, le aguardaba la tragedia y la oportunidad de captar unas de las imágenes más espeluznantes de la historia de la televisión: la entereza del diestro en la enfermería tras la cogida mortal.
El colaborador de TVE, con pulso periodístico, mantuvo la cámara en el trance.  "Él no pensaba que grababa los últimos momentos de Paquirri, sino lo que sucede después de una cogida. No creyó que el torero iba a morir en el camino a Córdoba".
 Salmoral se dio cuenta de lo que de verdad había grabado en Pozoblanco cuando a última hora de la noche lo visionó en casa. "Doctor, la cornada es fuerte. Tiene dos trayectorias...", se oía decir al torero en un crudo primer plano.
El torero Francisco Rivera "Paquirri" entraba con su muerte heroica en los anales de la historia del toreo y las imágenes de Antonio Salmoral dieron la vuelta al mundo. Hoy habría sido una tragedia descomunal entre la sangre y arena ante cientos de móviles pululando por los tendidos de sombra y de sol.
En Colombia el 13 de noviembre de 1985 la erupción del volcán Nevado del Ruiz provocó una riada de lodo inesperada que arrasó por completo la pequeña localidad de Armero. Omaira Sánchez Garzón, de 13 años, dormía tranquilamente en su casa cuando de repente se vio atrapada entre troncos, ladrillos, piedras y cadáveres en medio de un enorme charco de agua que le llegaba a la comisura de los labios.
Un equipo de TVE que se desplazó a cubrir el desastre la encontró en medio del caos y estuvo con ella, convirtiendo por primera vez una catástrofe natural internacional en un fenómeno televiso en España.
Omaira estuvo 72 horas tratando de ser rescatada, pero no fue posible y murió agonizando casi en directo mientras la opinión pública de un país extranjero hacía suyo su drama.
Cuando el miembro del equipo de salvamento llama a Canete y éste comienza a grabar la escena, lo que no sabe el reportero español es que su trabajo va a tener un efecto de impacto mundial casi instantáneo.
En el sitio adecuado y en el momento oportuno, Salmoral y Canete, Canete y Salmoral, fueron los testigos de unas imágenes que dieron la vuelta al mundo y que afectaron a los que la filmaron tanto que cuando recogían los premios periodísticos apenas podían articular palabra alguna y se bajaban cariacontecidos de los escenarios.
Muchos jóvenes quizá ni siquiera hayan oído hablar de estas espeluznantes historias que conmocionaron al mundo hace ya treinta años. Pensamos cómo habrían sido hoy día con los avances tecnológicos y tantos móviles y tablets desde los cuatro puntos cardinales grabando la muerte en directo.

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