Opinión

El cuento ceutí

Siempre la ilusión divierte, porque nunca hay que olvidar que “Lo que no ha ocurrido jamás en parte alguna es lo único que no envejece”.

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Esto, no nos engañemos, esto es solo un cuento. Así que nadie intente sacar otras interpretaciones. Por ello, procurando que este cuento sea algo original y que además sepa comunicarlo con agrado, me he metido en un aprieto al que no estoy acostumbrado. Consecuentemente intentaré conciliar lo leído y vivido con el cuento. Es decir, el río humano y sus repetidos lamentos nacidos para el momento, los dulces apacibles desfiladeros del cielo y los milagros que convocan a la consagración de la humanidad junto a la indiferente fantasía que, confusa con sus extraños compañeros de pasión y fuego, desencadenan el embeleso. Con su mezcla procuraré hacer un espectáculo tal, que ocurriendo suficientes cosas y desenredándolas ante nuestros ojos, podamos escoger entre ellas algo que nos dé contento.

Y así, con una pizca de verdad, poca claridad, un derroche de embrollo, una chispita de música y una prudente velocidad que pasando del mundo al infierno llegue al cielo, espero que se lea con atención. Y si con ello los lectores no bostezan, no será tan malo el cuento. Por ello, y aunque un cuento siempre es caramelo blando de sorber, debe explicarse antes de comenzar el porqué. Y el porqué es que en esta ciudad chiquita y marinera pasan cosas y muchas más cosas que aunque son tozudas y notorias nadie las entiende, pero da igual, los cuentos cuentos son y nada más. Pero malo será el cuento si es un charlatán el que lo cuenta y un niño el que bosteza. Por ello, espero que quien lo lea no bostece, al menos escandalosamente. Porque todas estas cosas son las que se cuentan y nos cuentan los medios acerca de nuestros tiempos.

Mas ya está bien de contar historias tontas, por lo que casi sin más preámbulos comienzo a contar el cuento. Y para ello caminaremos por la fantasía, ya que siempre la ilusión divierte, porque nunca hay que olvidar que “Lo que no ha ocurrido jamás en parte alguna es lo único que no envejece”.

El cuento: “El presidente de la ciudad es el mejor presidente del mundo mundial, y así nos va”. “Fin”.

Y aquí acaba el cuento, que en las calles todos leemos y nos contamos diariamente.

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