Opinión

Las horcas caudinas de los artículos 2 y 155

Bien, la liberación de algunos independentistas, acusados de rebelión, sedición y malversación, ya es un hecho. Todos han pasado por la horca caudina que significa el artículo 155 de la constitución acatándolo, aunque discrepando de ella como permite un estado de derecho y democrático porque se puede no asumir personalmente la ley, pero sí es obligatorio someterse a ella. Como debe ser la ley que golpea como puños de realidad la utopía de los independentistas, porque así es la democracia en española.

Bien, la liberación de algunos independentistas, acusados de rebelión, sedición y malversación, ya es un hecho. Todos han pasado por la horca caudina que significa el artículo 155 de la constitución acatándolo, aunque discrepando de ella como permite un estado de derecho y democrático porque se puede no asumir personalmente la ley, pero sí es obligatorio someterse a ella. Como debe ser la ley que golpea como puños de realidad la utopía de los independentistas, porque así es la democracia en española.

Gracias a ello, algunos de ellos, aunque humillados, están de nuevo en la calle pudiendo defender sus absurdos principios de inexistentes hazañas independentistas. Atrás quedan otros en el presidio y otros en fuga de la justicia. E insisto, estos algunos,  solo están en la calle, nunca libres, porque les espera el juicio sobre los consumados hechos delictivos de su actividad pasada. Por eso, solo deberían hablar esta vez como fantasmas de medio pelo aunque renieguen y maldigan la tutelar democracia que les permite hacerlo. Porque, gracias a ella, a que están en un país libre y democrático, pueden de nuevo hablar como nuevos rufianes con aliento de azufre, llenando de rencor a sus ciegos leales en las calles de Cataluña. Seguro que además utilizaran la imagen de los que permanecen en prisión para seguir con su falso victimismo. Y son peligrosos porque sus pretensiones de puñal los convierten en un riesgo que no beneficia a ninguna sociedad. Pero la justicia independiente aunque lenta, siempre triunfa.

Pero otra vez, y de nuevo, nos enfrentamos a un peligro, casi olvidado, que ya paso con la liberación de algunos presos etarras cuando fueron recibidos como héroes en algunos pueblos vascos animando a los jóvenes. Porque a los jóvenes ese tipo de expresiones rufianes, insultantes y soeces a todo lo establecido, ¡Les mola!. Ya que la estupidez crece por si sola. Y me temo que esto pueda volver a pasar en Cataluña. Porque, ¿Cuándo podrá recomponerse la realidad enfrentada a la falsedad de sus palabras? Difícil,  ya que sus hostiles correligionarios despreciando la idea que significa España, escucharan fanáticamente sus voceríos. Tal vez, algún día, la tozuda realidad les arregle sus cabezas haciendo que sus rencores caigan en el olvido. Pero esto no será ahora, ni en este tiempo, porque las mentes adocenadas durante tanto tiempo rechazan todo aquello que no quieren oír ni ver. La luz de los ciegos es su compañera, equivocando a las gentes con falsas arcadias cuando les empuja hacia el desastre.

Personalmente siempre me han aburrido los aldeanos nacionalismos de terruño, porque estoy acostumbrado a  andar y residir por diversos lugares de nuestra nación, disfrutando de las piedras viejas y las diferentes costumbres que conviven en nuestro país.  Y siempre he disfrutado de la compañía y conversación de los otros, si,  de aquellos que comen y piensan distinto. Pero nada más porque al final nos damos cuenta de que todos somos iguales y luego nos vamos juntos. Porque entendemos que la tierra de nacimiento o residencia son simplemente una circunstancia más, que tan solo embellece aquello que consideramos como convivencia y progreso de la humanidad. 

Lo único que me satisface de tanta estupidez, es que sé que el tiempo pasara, y nuevas catedrales de grises piedras con tonos diferentes y rosetones de luces con colores sorprendentes se construirán, entreteniéndose en olvidar las mentecateces del momento actual. Porque todos, tanto ahora como mañana, a fin de cuentas, solo soñamos con volver a una casa sosegada que nos espere todos los días.

Mientras aquí, en nuestra nación,  la justicia, aunque lenta, ha mostrado su independencia de la política y que siempre llega a los infractores de la ley ¡Esto es un hecho! ¡Y otro hecho es que para defenderla, seguirá vigente la horca caudina que suponen los artículos  2 y 155, de nuestra Carta Magna, sujetándonos a todos!

Comentarios