Opinión

Juan, y lo nuestro, ¿para cuándo?

Esta es la sempiterna cuestión cuando uno se dirige a un político con algún interés personal. De esta manera: ¿Y de lo mío qué? Se convierte en todo un clásico.

Esta es la sempiterna cuestión cuando uno se dirige a un político con algún interés personal. De esta manera: ¿Y de lo mío qué? Se convierte en todo un clásico. Y si los ciudadanos de Ceuta le hacemos esta pregunta es porque estamos viendo lo que está pasando entre el partido de Juan Vivas (antaño conocido como Partido Popular) y el partido de Hernández (antes conocido como PSOE) en su coludido y oculto gobierno de coalición (lo cual es totalmente probable). Porque esto es lo que se dice en la calle ante los hechos y acuerdos que vamos conociendo, sobre todo en el reparto de sillones con sueldo que se están haciendo entre ellos, pagados con el dinero de todos.

“Quid pro quo” es una máxima en latín que significa doy a cambio de que des. Y así y de esta manera, se mantiene uno en la Presidencia y el otro consigue todo aquello que desee mientras le apoye. Esto es lo que se está conociendo en la ciudad, convicción popular avalada por la actitud publica de ambos (estos son hechos, no interpretaciones interesadas). Pero también sabemos que durante el otoño, época de caza y castañas, veremos cómo se ira debilitando dicha coalición no suficientemente publicitada.

Porque en todo ello (aparte del temporal interés personal de ambos), lo que parece que ignora el presidente Juan es que siempre en una negociación quien necesita pierde y Hernández, una vez conseguido todo lo que quiere y asegurados sus objetivos con el respaldo de Juan, no necesitara más de su tutela. Ya que entonces el baile al que nos tienen acostumbrados últimamente cambiará su suave música empezando a tambalearse su sillón presidencial. Será entonces cuando se pondrá en cuestión al presidente pródigo en mercedes a Hernández, augurándole un futuro muy incierto. Se acabará con ello la ingeniería social a la que nos tiene acostumbrados el presidente con su fragmentada visión de la realidad de nuestra ciudad.  

Es por tanto momento en que empecemos a prepararnos para los nuevos tiempos que ineludiblemente vendrán, porque son ideas y seguridades (estas de que se están repartiendo agónicamente las prebendas) las que ya están capturando la conciencia colectiva de los caballas. Pero, antes de que se rompa dicha coalición, sería bueno para todos que Juan nos contestase a la pregunta de: Y de lo nuestro, ¿cuándo? Aunque la respuesta me parece que ya la conocemos de antemano, es decir, que puede que nos digan que lo nuestro es viable y que están en ello, pero no por ahora.

Y es una pregunta lógica, porque fuimos nosotros los ceutíes quienes hemos satisfecho el nepotismo de Juan y de Hernández, aunque eso sí, los votamos en la creencia de que gobernarían para todos no solo para ellos y unos cuantos amiguetes, familiares o correligionarios interesados. Es decir que gracias a todos nosotros alcanzaron sus cuotas de poder y de disponibilidad de los dineros públicos que en modo alguno son exclusivos suyos.

Respecto a los otros partidos, Vox (heredero de los conservadores de derechas sin complejos) se encuentra arrinconado por Juan y Hernández, ya que le temen puesto que puede desnudar sus artimañas, aunque ahora solo puede intentar paliar o al menos aminorar los nefastos efectos que sus decisiones están ocasionando a la ciudad. Fátima Hamed, por su parte, asustada por desaparecer del mapa político si no se hace notar, es la única que está levantando la voz exigiendo recuperar facultades delegadas al Consejo de Gobierno, que antes nunca solicitó. Mohamed Alí ha perdido toda su fuerza y manteniéndose como líder  desprestigiado de un partido residual tan solo se dedica a aparentar una cierta oposición infértil atacando a todo y a todos para mantenerse en los medios de comunicación.

Y mientras, el presidente, con la colaboración de Hernández, sigue con sus artimañas de ceder en ciertas cuestiones plenarias, engañando a todos con aceptaciones que aprueba bajo la condición de difíciles y grises periodos de informes técnicos y jurídicos que bajo su fiscalización les den legalidad. Añagazas que alargan inevitablemente su realización “sine die”.

Y esto es lo que hay, así que, ¡de lo nuestro nada por ahora!

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