Opinión

Miguel de Cervantes Saavedra

Estamos en estos nuestros días celebrando un aniversario más de Miguel de Cervantes, máxima figura de la literatura española. Alguien a quien sin su vida errante en España, soldado en la batalla de Lepanto, Italia, cautivo en Argel nunca hubiera sido lo que es. Es decir, el autor de una extraordinaria obra literaria universal “El Quijote”. Porque en ella el artista trasmuta su fatalidad personal e histórica en un acto de libertad, transformando sus circunstancias personales y sociales en una obra insólita, que describe una condición desgarrada de la España del 1605. Y así este soldado, novelista, poeta y dramaturgo adquiere fama universal.

Estamos en estos nuestros días celebrando un aniversario más de Miguel de Cervantes, máxima figura de la literatura española. Alguien a quien sin su vida errante en España, soldado en la batalla de Lepanto, Italia, cautivo en Argel nunca hubiera sido lo que es. Es decir, el autor de una extraordinaria obra literaria universal “El Quijote”. Porque en ella el artista trasmuta su fatalidad personal e histórica en un acto de libertad, transformando sus circunstancias personales y sociales en una obra insólita, que describe una condición desgarrada de la España del 1605. Y así este soldado, novelista, poeta y dramaturgo adquiere fama universal.

También, y eso me sorprende, se le iguala a William Shakespeare, dramaturgo inglés. Y todo porque al parecer su muerte acaeció en las mismas fechas. No estoy de acuerdo. Igualar la obra de Shakespeare y la de Cervantes no es justo, ya que considero muy por encima a nuestro escritor. Quizás podrían unir a Shakespeare con Lope de Vega, otro dramaturgo del siglo de oro español magnífico que consiguió enmudecer en el populismo de aquellos días a Cervantes. Lo terrible es que los discrepantes, y Cervantes lo fue en su época, nunca son entendidos por sus contemporáneos.

Eso es lo que sucedió con la obra de Cervantes “El Quijote”, obra prodigiosa, llena de sutiles mensajes y enseñanzas. Gracias a las cuales sus ideas son universales, siendo una fuente continua de nuevas ideas. Porque en esta obra el inagotable e indescifrable mundo de realidad, misterio y fantasía española se enfrenta continuamente a las incesantes simplicidades e indiscreciones de nuestros Sanchos Panzas.

“¡Caballero soy y caballero he de morir!”, se reconoce Alonso Quijano, dejando fuera la hipocresía y la adulación servil. ¡Qué gran lección a nuestros actuales líderes políticos! Porque el simbolismo de su personaje Sancho Panza evidencia el carácter universal de las malicias de truhan que les afectan a todos ellos. Lejos están los ideales del hidalgo Alonso Quijano. Por eso vamos a nuevas elecciones.

Yo siempre he considerado al novelista Cervantes muy por encima del dramaturgo Shakespeare, más afín a la fobia y filias de las masas. Por ello no me agrada la idea de unir ambos aniversarios, ya que solo se consigue realzar a este dramaturgo a costa de reducir el valor de nuestro literato universal Miguel de Cervantes Saavedra. Pero seamos sinceros, ¿cuantos españoles han leído su obra entera? ¿Hay muchos? Creo que no. Pero en cambio el teatro y el cine han conseguido que la obra del dramaturgo inglés sea más popular, y eso no es mérito solo suyo.

Y como él escribió: “Caló el chapeo, requirió la espada, / miró al soslayo, fuese, y no hubo nada”, así termino mi artículo añadiendo  su pequeño poema escrito cuatro días antes de fallecer, donde se despide de la vida citando estos versos: “Puesto ya el pie en el estribo/ con las ansias de la muerte, / gran señor, ésta te escribo”

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