Miércoles. 13.12.2017 |
El Tiempo
Opinión
Javier Díez Nieto
20:19
06/12/17

¿Hay que reformar la Constitución?

Creo que todos estamos de acuerdo en que la Constitución es la respuesta que se dio con la intención de superar épocas pasadas y por eso está inspirada en la creación de espacios ciudadanos libres.

¿Hay que reformar la Constitución?

Creo que todos estamos de acuerdo en que la Constitución es la respuesta que se dio con la intención de superar épocas pasadas y por eso está inspirada en la creación de espacios ciudadanos libres. Por eso en nuestra Constitución se resalta que los derechos y libertades vinculan de forma absoluta a todos los poderes públicos. Consecuentemente el compromiso de los poderes públicos resulta incuestionable y son de obligado cumplimiento en relación a sus principios.

Hoy, voy hablar de su sistematología que me parece incuestionable, ya que empieza con los derechos y libertades fundamentales, defendiendo en primer lugar la tutela de la salud pública y a la libertad, donde la previsión constitucional resulta expresa y directa, siendo además de aplicación directa y rechazando el abuso del derecho. Luego hace referencias a otras cuestiones, aunque de forma indirecta, que precisan de leyes orgánicas o inorgánicas de desarrollo. Estamos, por tanto, inmersos en un sistema constitucional donde la libertad y los derechos de las personas son el fundamento del orden político español y europeo.

Porque de esta manera y gracias a ella, en la década de los 80 se nos incluyó en la evolución europea que tiene como fundamento el reconocimiento de los derechos humanos, la solidaridad y los principios democráticos. Porque el respeto a las libertades, a los derechos humanos, a los principios democráticos, a la justicia, a la solidaridad, a la igualdad, a la tolerancia, a la primacía de la ley y al ordenamiento constitucional son necesarios para un estado democrático en aras de disfrutar de un estado de paz y bienestar juntos.

Sin embargo, ahora asistimos a un movimiento nuevo que exige su reforma inmediata. Y yo me pregunto, ¿reforma de qué y para qué? Porque desde luego el Título I es incuestionable. ¿Luego cuáles son los principios que se quieren reformar? Hasta ahora apenas ningún partido político se ha manifestado o aclarado sobre lo qué quieren exactamente cambiar. Quizás tan solo los independentistas sobre el título VIII y desde luego anular los temibles y garantistas artículos 2 y 155.

Bien, antes o después nuestros partidos políticos deberán definirse y aclarar cuáles son sus pretensiones. Pero hay algo que quizás no quieran entender: La Constitución de 1978 fue realizada por grupos políticos en base a  renunciar a muchos de sus propios derechos y ambiciones. En cambio, hoy creo que la reforma responde solamente a ambiciosos intereses particulares territoriales. Por ello, en esta época de insolidaridad territorial, ninguno de ellos es capaz de establecer los límites que son necesarios para cualquier tipo de reforma constitucional. Luego, y en primer lugar, adiós a la solidaridad territorial y al contrato social de Rousseau o si quieren también adiós a la idea del Marqués de Becaria, padre indirecto de la primera constitución de libertades.

Por otra parte, en la Unión Europea se considera la Constitución como una forma de clarificar el equilibrio europeo en aras de superar las contradicciones que supone un sistema de tratados individuales entre regiones que resultan insuficientes para enfrentarse a un sistema económico de solidaridad en igualdad de todo un continente. Porque las razones económicas priman entre los planteamientos europeos, y por eso desarrollaron un espacio económico sin fronteras exteriores. Y esto es algo que los aldeanismos sensibleros de terruño quieren ignorar con sus ansias de reforma constitucional.

Porque la idea de España en Europa, además de ser una realidad histórica y política, entraña un contenido ético que garantiza la paz entre sus ciudadanos. Y esto es lo que actualmente garantiza nuestra Constitución realizada, insisto, desde la renuncia a los fuertes intereses particulares en 1978. Pero, ¿ahora están capacitados nuestros políticos en renunciar a algo para su reforma o solo saben exigir más derechos territoriales y personales? Y sobre todo, dando por hecho que sus intereses se sustentan básicamente en la insolidaridad territorial, ¿qué quieren reformar y para qué?

Yo estoy todavía esperando sus ideas sobre la reforma constitucional. Pero, quién puede convencer a quien no quiere ser convencido.

¿Hay que reformar la Constitución?
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