El caso Antelo y el espejo de Vox Ceuta: cuando la transparencia que se exige no se practica

Charla Vox Ceuta, Fundación DENAES./ Archivo
"El escándalo del día: Vox falsifica la firma de su propio portavoz en Murcia", artículo de opinión de José Antonio Carbonell Buzzian

La Mesa de la Asamblea Regional de Murcia decidió este miércoles no dar trámite a un escrito presentado por el grupo parlamentario de Vox sobre el cambio de portavoz, al ir firmado con un certificado digital perteneciente a José Ángel Antelo, a pesar de que este no había redactado el documento ni dado su permiso.

Antelo calificó los hechos como "un delito de suplantación y de falsedad documental, delitos muy graves en el Código Penal" y puso todo en manos de su abogado para estudiar posibles acciones legales.

En sus redes sociales publicó el mensaje "Han falsificado mi firma, ver para creer", denunciando que "esto no es serio ni razonable" y que todo queda registrado. En los pasillos de la Asamblea fue más directo aún: "¿Por qué se hace semejante chapuza y qué clase de imagen está dando un partido que en teoría venía a cambiar las cosas? ¿Quién en su sano juicio registra su propio cese?"

El portavoz adjunto de Vox en Murcia, Rubén Martínez Alpañez, negó las acusaciones y explicó que el grupo parlamentario determinó por mayoría absoluta la expulsión de Antelo, asegurando que el partido "lleva muchísimo tiempo intentando corregir situaciones de ineficiencia y mala gestión".

El paralelismo ceutí: Vox también tiene sus fracturas aquí

El caso de Murcia no es un accidente aislado en la historia reciente del partido. En Ceuta, Vox lleva meses viviendo su propia versión de esta misma tensión interna. El grupo de Juan Sergio Redondo renuncia a debatir sus propuestas al considerar que las enmiendas de Carlos Verdejo suponen un uso "fraudulento" de las herramientas parlamentarias, mientras Verdejo tacha a Vox de "derechita cobarde" por no querer debatir.

Carlos Verdejo, diputado no adscrito y antiguo dirigente de Vox, registra enmiendas a las propuestas que el partido lleva al pleno, en lo que supone un déjà vu que recuerda al episodio de enero, cuando Redondo optó por retirar todas sus iniciativas para evitar que Verdejo pudiera intervenir. Verdejo fue el portavoz de Vox en los plenos y uno de los rostros más visibles del partido en Ceuta hasta su salida, y la ruptura entre ambos quedó expuesta sin matices.

La vara de medir que choca contra la realidad

Lo que hace especialmente relevante el escándalo de Murcia para los ceutíes es el contraste con el discurso que Vox sostiene en la Asamblea local. Vox votó en contra de los Presupuestos de 2026 de Ceuta declarando que "bajo ningún concepto aceptaremos que el futuro de Ceuta se decida con el apoyo de tránsfugas". Redondo acusó al Gobierno de Ceuta de mantener un "modelo clientelar" y denunció que el presupuesto "no responde a las necesidades reales de los ceutíes".

Son críticas legítimas que merecen debate. Pero el ciudadano ceutí también tiene derecho a preguntarse con qué coherencia interna las sostiene un partido cuya dirección nacional acaba de ser acusada, por uno de sus propios dirigentes, de cometer presuntos delitos penales para silenciar la disidencia.

Antelo fue incluso más allá del plano jurídico, preguntando públicamente: "Si esta es la democracia interna que hay en el partido, ¿qué pasará cuando llegue al Gobierno?" Una pregunta que los votantes de Vox en Ceuta tienen todo el derecho de hacerse también.

Lo que los hechos verificados revelan

Los datos contrastados dibujan un partido con dos realidades paralelas. En Ceuta, Redondo insiste en que Vox seguirá defendiendo propuestas "cargadas de razón" hasta el final de la legislatura, afirmando que muchas de sus iniciativas, aunque rechazadas, terminan siendo asumidas por el Gobierno. En Murcia, la dirección nacional de Santiago Abascal intenta cesar a un dirigente leal recurriendo a métodos que han acabado en los juzgados.

No es la primera vez que Vox en Murcia acaba en los tribunales por sus conflictos internos: en la pasada legislatura, los llamados "diputados díscolos" lograron revocar judicialmente su expulsión del partido, tras descubrir que trabajadores de la formación habían creado cuentas falsas en Twitter para atacarles con el visto bueno de Madrid.

Conclusión: el partido ante su propio espejo

Ceuta es una ciudad pequeña donde la credibilidad política importa de verdad. Los ceutíes que han votado a Vox esperando una alternativa diferente merecen conocer no solo lo que el partido promete en la Asamblea local, sino también lo que su dirección nacional hace cuando alguien de los suyos se convierte en un problema. El caso Antelo no es ruido de Madrid: es una radiografía del funcionamiento real de un partido que se ha construido sobre la promesa de ser diferente.