La oficina de turismo de Ceuta: microcemento que sobra cuando todo lo demás escasea
Las instalaciones de la oficina de turismo de Ceuta llevan semanas sometidas a una reforma con aplicación de microcemento, un material de acabado cuyo coste no es precisamente modesto. La Ciudad Autónoma ha invertido dinero público en embellecer sus espacios institucionales. Legítimo, en principio.
Lo que no resulta tan fácil de justificar es lo que ha sobrado.
De los palets adquiridos con dinero público, más de cincuenta botes de microcemento han quedado sin utilizar. A precio de mercado, cada unidad ronda los 150 euros. El sobrante acumulado supera los 7.500 euros en material costeado por los ciudadanos de Ceuta que, sencillamente, no se va a usar. O al menos, no para el fin público para el que fue adquirido.
Nadie ha explicado todavía quién hizo las mediciones previas ni cómo se calculó la cantidad necesaria. En obras de esta naturaleza, esa estimación es un paso técnico elemental. Un desvío de más de un palet y medio no es un redondeo: es una anomalía que, en una administración comprometida con la transparencia, tendría ya una respuesta pública.
No la hay. Todo esto ocurre en una ciudad donde las listas de espera de servicios sociales se alargan, donde los presupuestos para mantenimiento de barrios llevan años congelados y donde se pide a los vecinos paciencia y austeridad de forma sistemática.
La austeridad, al parecer, no se aplica en metros cuadrados.
La Ley de Transparencia obliga a las administraciones públicas a justificar el destino de los recursos que gestionan en nombre de los ciudadanos. No como favor, sino como obligación. Esos botes de microcemento fueron comprados con dinero de todos. Su paradero es, por tanto, un asunto público.
Y si esto ocurre a plena luz, en una obra visible, con material inventariable, la pregunta inevitable es otra: ¿qué ocurre en los rincones donde no hay testigos?