La puerta giratoria tiene cathedra en la UNED
"Dos expolitícos del PP aterrizan en los despachos de la universidad pública a distancia sin concurso, sin oposición y, al parecer, sin que nadie lo encuentre extraordinario"
Hay una frase que en España se repite con la regularidad de los solsticios: «la meritocracia es el sistema por el que los mejores llegan a los mejores puestos». Es una frase hermosa. Y, como tantas frases hermosas, resulta más convincente cuanto menos se la somete a contraste empírico. La Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) institución pública financiada con dinero de todos los contribuyentes españoles ha ofrecido recientemente un par de ejemplos que invitan, si no a la reflexión profunda, al menos a una sonrisa levemente amarga.
Francisco Rontomé, que hasta hace no mucho ejercía como Consejero de Cultura y Educación de la Ciudad Autónoma de Ceuta en las filas del Partido Popular, ha sido designado director del Centro Asociado de la UNED en Ceuta. Por su parte, Yolanda Bel Baños, exsecretaria general del PP y exconsejera de Gobernación, ha accedido a la Secretaría General de la propia UNED. Dos trayectorias políticas de largo recorrido; dos aterrizajes institucionales de una suavidad admirable. Lo que no se ha visto en ninguno de los dos casos es algo parecido a una convocatoria pública, un concurso de méritos o un proceso de selección abierto.
«Lo que no se ha visto en ninguno de los dos casos es algo parecido a una convocatoria pública, un concurso de méritos o un proceso de selección abierto.»
Esto, que en el sector privado podría llamarse «red de contactos» y en la filosofía anglosajona networking, en el ámbito de la función pública española tiene un nombre más castizo y menos glamuroso: el dedazo. Una práctica que consiste, en esencia, en prescindir de cualquier formalidad selectiva cuando se sabe de antemano quién va a ocupar el puesto. La puerta giratoria ese mecanismo tan eficiente por el que los políticos transitan hacia instituciones públicas sin apenas rozar el quicio gira, en este caso, con una fluidez que haría palidecer de envidia a cualquier ingeniero.
La UNED, ese trampolín tan discreto
Conviene aclarar, para evitar malentendidos, que la UNED no es una empresa privada en la que el propietario nombra a quien le place. Es una universidad pública española, creada en 1972, que recibe financiación del Estado y que está sujeta al menos sobre el papela los principios constitucionales de igualdad, mérito y capacidad en el acceso a la función pública. Principios que el artículo 103 de la Constitución española recoge con una claridad que hace innecesario cualquier comentario adicional.
El caso de Rontomé presenta una lógica propia de la era del reciclaje: un político que, habiendo gestionado Cultura y Educación en Ceuta, recala ahora al frente del organismo universitario de esa misma ciudad. Hay quien lo llamaría continuidad institucional. Hay quien lo llamaría otra cosa. La pregunta que nadie parece haberse planteado en voz alta es si existía, en el conjunto del territorio nacional, algún académico, gestor universitario o profesional de la educación a distancia con currículum suficiente para aspirar a ese puesto. La pregunta, naturalmente, no tiene respuesta pública porque tampoco hubo convocatoria pública.
El caso de Yolanda Bel es, si cabe, más llamativo por la escala del cargo. La Secretaría General de una institución universitaria como la UNED no es un puesto decorativo: implica responsabilidades de coordinación, gestión administrativa y supervisión que, en una organización con más de 200.000 estudiantes matriculados, no son menores. Bel aporta una dilatada experiencia en política partidista, incluyendo su paso por la Secretaría General del PP y su etapa como Consejera de Gobernación. Lo que resulta más difícil de documentar es su trayectoria específica en el ámbito de la gestión universitaria pública. Pero, claro, nadie preguntó.
El problema no es la persona; es el sistema
Sería injusto, y probablemente inexacto, concluir que Rontomé o Bel carecen de capacidades para desempeñar sus nuevas funciones. Quiás sean exactamente las personas idóneas para los cargos que ahora ocupan. El problema el problema verdadero, el que trasciende a los individuos es que no existe manera de saberlo, porque no hubo proceso que lo permitiera comprobar. Y en esa imposibilidad de comprobación reside la raíz de la cuestión: cuando los cargos de relevancia en instituciones públicas se cubren por afinidad política en lugar de por concurso abierto, la institución pierde credibilidad con independencia de la valía personal del nombrado.
España lleva décadas discutiendo sobre la colonización política de las instituciones públicas. El debate es antiguo, transversal todos los partidos practican variantes de este deporte y, de forma pasmosa, siempre inconcluso. Cada nuevo caso se justifica con la misma lógica: el designado tiene experiencia, conoce el sector, es de confianza. Lo que ningún partido explica es por qué esa experiencia y esa confianza no serían igualmente acreditables en un proceso de concurrencia competitiva. La respuesta, por supuesto, es que el resultado podría ser otro.
«Cuando los cargos de relevancia en instituciones públicas se cubren por afinidad política en lugar de por concurso abierto, la institución pierde credibilidad con independencia de la valía personal del nombrado.»
Mientras tanto, la puerta giratoria de la UNED sigue en movimiento. Gira silenciosamente, con la eficiencia propia de los mecanismos bien engrasados. Al otro lado, miles de opositores, académicos y gestores con currículos en regla que nunca recibirán la llamada, sencillamente porque nadie va a hacer la llamada: ya se ha decidido quién entra. La educación a distancia, en su dimensión más literal, sigue siendo el destino de quienes no tienen el número correcto en la agenda.