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Pedro Sánchez quería ser presidente y ya lo es. Aspiración legítima la de presidir el Gobierno de su país.

No se enteran o no se quieren enterar.

Pedro Sánchez quería ser presidente y ya lo es. Aspiración legítima la de presidir el Gobierno de su país. Ha luchado contra viento, marea y su propio partido. Se ha recorrido España él solito hasta convencer a la mayoría de la militancia socialista. Fue tan generoso que en su discurso de la moción de marras le dijo directamente a M. Rajoy: "Dimita, convoque elecciones y yo depongo mi actitud de seguir adelante para echarle".

Estamos, sólo por eso, ante un gran hombre que ha intentado, con éxito, erradicar la corrupción del PP plasmada como hecho probado en la sentencia de la trama Gürtel. Sólo hasta ese momento, “forzado” por la Justicia y el propio Partido Popular, Rajoy ha sido consciente de su propia realidad. Hasta entonces Mariano se consideraba dueño de España, transparente, invisible, indemne, impoluto, ciego, sordo...

Vivía en una realidad paralela de la que, por fin, consiguió salir para encarnar con deportividad dialéctica, que la realidad iba en otra dirección. Así interpreté su breve discurso de despedida. En él admitió que tenía que hacer frente a la tozudez de la realidad. Y en un claro ejercicio de democracia dio la bienvenida a Pedro Sánchez y se supo marchar. Que aprendan la militancia y hooligans más significados.

Él sabe que el recurso de la sentencia Gürtel puede conducirle a Soto del Real'. La tendencia inicial apunta a que todo es susceptiblemente empeorable. Y al gallinero: administrad vuestras fuerzas; aún no se ha juzgado la Púnica, Lezo y varios casos de los que no se libran los socialistas de los ERE de Andalucía. Caso que pone de manifiesto que el pasado siempre vuelve.

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