Opinión

La Ceuta de Dickens

Charles Dickens retrató como nadie a la sociedad inglesa de la época victoriana. Su obra es una denuncia constante de las condiciones de vida en el Londres de la revolución industrial, una metrópoli que era capital del mundo, pero en la que, al mismo tiempo, muchos eran golpeados con saña por el hambre y la miseria.

En “Oliver Twist”, la historia de un niño huérfano que tras escapar de un hospicio emigra a la gran ciudad, nuestro autor refleja una dura realidad social a través de diferentes situaciones de la vida cotidiana a las que el protagonista ha de hacer frente. El maltrato y la precaria situación de los orfanatos, la delincuencia y la marginalidad, el rechazo social o el pésimo papel de un sistema judicial que no duda en castigar severamente a un crío son sólo algunas de las infamias que se plasman en unas páginas que han pasado a la historia de la literatura universal.

Pero Dickens no se queda ahí. Lejos de dirigirse únicamente a los ejecutores directos de las tropelías, su crítica se hace extensible a esa gran parte de la sociedad londinense que, por omisión o interiorización de lo existente, se convierte en cómplice de la materialización de la maldad. Resulta especialmente llamativa la minuciosa descripción de las clases sociales de la época, con su correspondiente diferencia de valores. Así, conocemos a ladrones como Fagin o prostitutas como Nancy, quienes, a pesar de moverse en entornos marginales, de sufrir pobreza, delincuencia, estigmatización y rechazo social, son capaces de mostrar empatía y solidaridad hacia los demás, llegando a desarrollar incluso un cierto sentido de la colectividad. El contraste lo encontramos en personajes como la Señora Sowerberry o el Señor Bumble, pertenecientes a los estratos sociales más altos y carentes de toda humanidad.

A pesar de que la novela se desarrolla en un contexto histórico y geográfico diferente, los paralelismos con la Ceuta actual son inevitables. Resulta imposible no pensar en colectivos como las porteadoras, las personas migrantes o los mena, todos víctimas de un sistema socio-económico perverso, aupado por la revolución digital en la que nos hayamos inmersos, sufridores de odio, violencia, abusos, desamparo institucional y criminalización. Personas cuyas vidas carecen de valor, llegando a extremos en los que incluso su muerte es justificada por diferentes discursos. Son tantas las similitudes que si Dickens resucitara y fuera en nuestra ciudad, el protagonista de la novela que estamos tratando, en lugar de Oliver, seguramente se llamaría Omar. Y, por descontado, sería un mena.

Hoy, “Oliver Twist” está de rabiosa actualidad. En este Día del Libro, vale la pena recomendar la (re)lectura de una novela que puede servirnos para entender y reflexionar acerca de la difícil y precaria situación de muchos menores en nuestra ciudad y para, también, hacer un análisis crítico sobre el comportamiento que muchas veces adoptamos como sociedad, situándonos, cuando menos, de perfil ante una realidad tan desgarradora como perversamente analizada.

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