“La urna y la cocina: dos caras de la misma realidad”

Mariano Rajoy

Artículo de opinión de Ramón Rodríguez Casaubón

Hay que ser claros: no es casualidad que con la “kitchen” aparezca el vídeo del Comité Federal del PSOE de 2016, ni tampoco lo es lo que estamos viendo durante el juicio. Ni las situaciones que protagonizaron en Ferraz la élite socialista española. En los juzgados estamos asistiendo a una demostración de desvergüenza de gran envergadura con cada una de las respuestas de Rajoy y Cospedal, e inquietándonos por la aparente protección de la jueza hacia ambos. En cuanto a la urna espectral, los gritos y abucheos, Susana Díaz con cara de incredulidad a ratos y con expresión de estar al borde del llanto en todo momento, el rostro ya de malandrín de Ábalos, Borrell desencajado y alguien que alza la voz para apuntar: “¡pucherazo!”. ¿Qué decir? ¿El PSOE es realmente así? Antes de que se contesten, permítanme retornar a la “kitchen” para resumir de qué va eso.

Nos referimos a la creación de un operativo parapolicial que tenía por misión conseguir, como fuera, la documentación que supuestamente guardaba Luis Bárcenas, extesorero del PP, y que a todas luces podría ser comprometedora para el partido y para personas concretas dentro de él. No lo olvidemos: dos de esas personas eran M. Rajoy y María Dolores de Cospedal. El primero, además de expresidente del Gobierno, es registrador de la propiedad, por más que sus declaraciones le hagan parecer un tanto limitado. Que no lo es; lo que demuestra que nos toma a los demás por ello. La segunda, además de exministra de Defensa, es abogada del Estado, por más que hable de “indemnizaciones en diferido” y haya parecido hoy una alumna de párvulos ante un examen de universidad.

Por tanto, tampoco es una persona simple o de nula formación, por lo que la única conclusión a la que podemos llegar es la misma que hace un instante con Rajoy: nos toman por imbéciles. Y, sin dudas, debemos serlo, porque estas dos personas no están imputadas, ni serán juzgadas, ni recibirán condenas, por más grabaciones o mensajes comprometedores —y reveladores— que existan. Ni “libretitas” ni “hacemos lo que podemos” significan nada judicialmente, mientras que lo significan todo socialmente.

Al lado de esto, el bochorno socialista en la época en la que Felipe González apoyaba a Susana Díaz, mientras Ábalos, Koldo y Armengol lo hacían a Pedro Sánchez, es un circo sin más.

Pero ambos escenarios tienen una cosa en común: el evidente agotamiento de la política española por aquellos años, que derivó en el surgimiento de sentimientos de indignación y hartazgo superlativos que se materializaron en una opción política real: Podemos. No se podía permitir. Y la rosa marchita se unió a la gaviota corrupta, mientras policías patrióticos ayudaban a ambos, de una u otra manera, para impedir que el morado fuese una posibilidad. Posibilidad de cambio, de regeneración, de aclaración: de por qué Felipe González pactó con Jordi Pujol en lugar de con Julio Anguita; de quién era el “señor X” de los GAL o el “elefante blanco” en el intento de golpe de Estado del 23-F, etc.

Parece que, al final, por reducción al absurdo, podemos llegar a una única deducción lógica: Caja B en el PP frente a Urna B en el PSOE. La misma cosa es la que es, aunque varíe la gravedad, no así su esencia.

Como en su día elucubrara Soul Etspes: “¡Que no te engañen, lo que es, es, y también al revés!”.