Opinión

Que viene el lobo... Hasta que vino

Si el próximo 10N, la derecha o la ultra derecha consiguen coger el timón de nuestro país o, en mi querida ciudad estas formaciones logran representación en el Congreso de los Diputados, me arriesgo a vaticinar (con pocas probabilidades de equivocarme) que para entonces, sí que no vamos a poder conciliar sueño alguno.

Las nuevas elecciones han sido convocadas otra vez más, porque la posible unión de un “bloque de izquierda”, al parecer originaba en la principal figura encargada de aunar a todas esas fuerzas progresistas y de proteger a la sociedad española, insomnio. Surrealista y muy preocupante. Resulta que quien tenía la potestad de presidir y defender los intereses de toda la nación, le suponía mayor dificultad pactar o negociar con una formación afín, que alejarse de una ultra derecha cada vez más normalizada en la sociedad. ¿Eso, no le quita el sueño? Si se tratase de un chiste podría resultar en mayor o menor medida incluso gracioso. Sin embargo, el problema es que no se trata de ningún chiste. España va a elecciones porque nuestros supuestos responsables políticos no están a la altura y han demostrado con creces que no son capaces de ver más allá de sus ombligos. Poco o nada les importamos los españoles.

Si el próximo 10N, la derecha o la ultra derecha consiguen coger el timón de nuestro país o, en mi querida ciudad estas formaciones logran representación en el Congreso de los Diputados, me arriesgo a vaticinar (con pocas probabilidades de equivocarme) que para entonces, sí que no vamos a poder conciliar sueño alguno. ¿Quién podría descansar sabiendo que VOX puede llegar a tener alguna responsabilidad sobre nuestras vidas?

La izquierda le está sirviendo en bandeja de plata a la derecha y a su ideología más rancia la cabeza de los españoles. La vulneración de los Derechos Humanos, los cambios de legislación sin fundamentación lógica, los recortes en educación o sanidad y, la clara involución socio política propia del paleolítico, son solo algunos ejemplos que hay que sumarle al pésimo proceder de estas formaciones. Eso sí que es una auténtica pesadilla. Una pesadilla que lamentablemente viene impulsada por la permisividad y pasividad de la llamada izquierda progresista. ¿Cómo es posible que no se pongan de acuerdo en derrocar juntas a la derecha?  Recuerden lo de “divide y vencerás” o “de aquellos polvos, estos lodos”, antes de que sea tarde.

Centrándome en el panorama político local, el escenario es mucho más aterrador.  Unos quieren un muro de hormigón y meter en una prisión a unos niños que están supuestamente tutelados por la Ciudad, otros están entretenidos viendo como los demás “se matan entre ellos” y también están quienes no saben siquiera para lo que están.

Y ahora que se acerca un mes importante para la lucha contra la violencia de género, todos seremos testigos de la puesta en escena de nuestros supuestos responsables, así como de su hipocresía. Hipocresía, porque muchas formaciones alardearán de feminismo, pero luego con su manera de actuar y con la fragmentación de la izquierda que han generado de manera intencionada y temeraria, permiten que los peores enemigos de la igualdad tengan la posibilidad de hacer retroceder los avances que con tanto esfuerzo se han logrado. Resulta imposible entender ese feminismo de boquilla. No me extrañaría en absoluto verles en un futuro resolver los grandes problemas que nos preocupan (y debería ocuparles) jugando al famoso "piedra, papel o tijeras". ¿No sienten vergüenza? Pero eso sí, la fotito que no falte.

Esto no es un juego para que anden como veletas hoy, y mañana permitan el paso de la derecha o la ultraderecha. No nos lo merecemos. Nuestros supuestos responsables deberían saber que, cuanto más se agrandan los problemas, más difícil resulta resolverlos después (no se requiere de un elevado número de asesores para llegar a esta conclusión).  Si todos y cada uno de nosotros hiciéramos un ejercicio de reflexión, especialmente quienes se postulan a representarnos políticamente, podríamos

darnos cuenta de la extrema gravedad de los problemas que se avecinan. Esperemos que el 10-N, todos podamos dormir tranquilos.

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