Crisis del coronavirus

¿De pandemia a gripalización tras ómicron? Para Domínguez, “depende de otras variantes”

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photo_camera Aglomeraciones de ceutíes antes de la pandemia. Un escenario que cada vez puede estar más cerca. (ARCHIVO)

El sector de la epidemiología pronostica que el fin de la sexta ola allanará el camino hacia el quinto coronavirus catarral

Casi dos años y cinco millones de muertos en todo el globo, 136 en Ceuta- la última, este viernes-, el coronavirus SARS-CoV-2 se ha propagado de tal forma por todo el planeta que los sueños políticos de eliminarlo se han revelado ilusorios. El agente infeccioso seguirá entre nosotros durante décadas, probablemente causando un catarro estacional como ya hacen los cuatro coronavirus que le han precedido en el último medio siglo. En este año recién salido del cascarón se dejará de hablar de pandemia para hacerlo de endemia, una enfermedad que se mantiene constante en el tiempo en un equilibrio estable con la inmunidad de la población.

Hacer predicciones a un año vista son ganas de patinar con balcones a la calle, pero el caso es que cada vez más científicos se apuntan a ese panorama. Lo que ocurre es que las cifras de contagio están tan disparadas que la Atención Primaria ya ha pasado, nuevamente, al nivel rojo y el Hospital va en la misma senda, como  hace semanas avisan desde Preventiva. Por ello, la transición para convertir de este virus mortal una gripe más tiene que ser lo bastante lenta y gradual como para que el sistema sanitario pueda absorberla, tal y como apunta el jefe del servicio de Medicina Preventiva, Julián Domínguez.

El epidemiólogo se suma al club de la gripalización, pero lejos de poseer una bola de cristal, sus pronósticos se centran en que esa realidad podrá estar más cerca una vez que ómicron pase a mejor vida. Superado el bache de esta variante -que en la actualidad es la predominante-, podríamos llegar, quizá en primavera, con esta pesadilla encerrada en el cajón del recuerdo.

Sin embargo, lo de tirar cohetes habrá que dejarlo para cuando se pueda palpar ese universo poscovid, ya que no todo es rosa y pueden entrar en juego otros factores, o más bien, otras variantes que lleguen a desmoronar todos estos pronósticos. “Pueden surgir más variantes, como ya estamos viendo, con una mayor capacidad de contagio y letalidad que ralenticen este proceso. De ello y de la evolución de la pandemia va a depender en gran medida que podamos entrar en ese periodo endémico”, explica Domínguez.

Si 2020 fue el año del miedo y 2021 ha sido el de la vacunación, 2022 será el de la resignación. No, las vacunas no han acabado con la pandemia. Sí, son el elemento esencial para gestionarla, pero no, no bastan por sí mismas. Y sí, van perdiendo eficacia con cada nueva variante del virus. Las vacunas actuales se han desarrollado contra la cepa original de Wuhan, pero luego han surgido "variantes preocupantes" como alfa (detectada primero en el Reino Unido), beta (Sudáfrica), gamma (Brasil), delta (India) y ómicron (Sudáfrica de nuevo). 

La sensación generalizada entre la población en este comienzo de año es de hartazgo. Parte de la culpa de ese estado de ánimo es la apuesta por las “vacunas y nada más”, ya que una vez creadas y suministrados a la población todos confiaban en que llegará el fin de la pesadilla y la vuelta a la normalidad. Pero no ha sido así. La sexta ola, aunque menos letal, se desmadra día a día. En Ceuta duplica la cifra de contagios de las peores ondas mientras bate sus propios récords diarios. Cuando el centenar de casos en un día sobrecogió, esa cifra ahora hasta se celebraría. El pico más alto ya ha superado los 500.

Pero lo más preocupante ha comenzado a ser la sobrecarga de los servicios sanitarios. Mientras la presión hospitalaria sigue al alza, y esta ola ya supera a la anterior en el total de ingresos contabilizados, las administraciones le restan importancia, "porque la letaliad es mucho más baja". Sin embargo, los profesionales del sector ya han hecho saltar la alarma. La Atención Primaria no puede más. La capacidad de absorción del número de contagios la ha llevado de nuevo al borde del abismo.

Precisamente, para desintoxicar los servicios públicos estableció el Gobierno el nuevo sistema de cuarentenas, y ahora se sumerge en otro plan a futuro próximo con el objetivo principal de reactivar la economía. Así, desde Madrid ya trabajan para pasar del actual estado de pandemia a uno de endemia o gripalización del coronavirus. “España ha respondido de una manera muy positiva a la vacunación y tenemos que responder con nuevos instrumentos", manifestaba al inicio de esta semana el presidente Sánchez añadiendo que es “necesario” abrir un debate en el que los parámetros sean diferentes.

Y el debate se ha abierto, con un nuevo escenario que genera dudas lógicas: se desconoce cuándo empezará, aunque sí se puede afirmar que será después de que pase esta sexta ola. Tampoco se conoce qué pasará si a ómicron le sucede otra variante más peligrosa, aunque la lógica apuntaría a la vuelta a los orígenes, ni tampoco si la Atención Primaria- primer muro de contención para la pandemia y el conteo de los casos-, se verá reforzada para que los nuevos ‘centinelas’ no provoquen una pérdida de posibilidades asistenciales en el resto de pacientes a tratar.

Lo que sí se sabe es que este nuevo escenario vendrá apoyado de cuatro certezas ya puestas sobre la mesa. La primera de ellas es el cambio en las cuarentenas obligatorias anunciado después de Navidad. Los positivos, ahora solo deben estar siete días confinados siempre que no sean sintomáticos -y no 10, como hasta ahora, ni 14, como antes-, mientras que los contactos vacunados que no presenten síntomas no deberán quedarse en casa.

Las tres restantes fueron anunciadas este lunes. No se trata de medidas concretas para el ciudadano, como la previamente expuesta, sino de gasto público para invertir en los nuevos antivirales en los que trabaja la farmacéutica Pfizer; tope al precio de venta de los test de antígenos en 3,94 euros (que aprobó el jueves la Comisión de Salud Pública), y cambio en el 'modus operandi' en el conteo de casos positivos en el sistema sanitario, a fin de gripalizar la epidemia y convertir las actuales cifras exactas en una especie de predicción más o menos fiable realizada por los sanitarios centinelas desplegados en centros de salud y hospitales para dar una muestra aproximada de la incidencia real de la endemia.

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