Ceuta apenas ha tenido tiempo para respirar. Harry abrió paso, Ingrid tomó el relevo, Joseph terminó de sacudir la ciudad y, cuando aún no se han retirado del todo sus efectos, Kristin ya llama a la puerta. Un auténtico tren de borrascas que en pocos días ha dejado un reguero de incidencias: árboles caídos, cornisas y andamios dañados, cancelaciones de barcos y el cierre preventivo de parques y jardines. Ahora, con la llegada de Kristin, la ciudad se prepara de nuevo para fuertes rachas de viento y lluvias generalizadas, hasta el punto de que la activación de un aviso naranja por viento ha obligado al cierre de los centros educativos como medida de seguridad.
Habrá que esperar para comprobar con qué intensidad termina atravesando Kristin el Estrecho y qué huella deja a su paso por Ceuta. Lo que sí se puede medir ya es el impacto de Ingrid y Joseph, responsables del último episodio de inestabilidad que ha marcado la última semana y que ha dejado cifras que ayudan a entender la magnitud del temporal.
Según los datos de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), en solo cinco días, entre el 23 y el 27 de enero, se acumularon más de 130 litros por metro cuadrado. La lluvia no cayó de forma constante, sino a golpes, concentrándose en jornadas muy concretas. El 23 de enero y el 27 de enero fueron los días más intensos, con 48,8 litros por metro cuadrado en cada uno, mientras que el 25 de enero sumó otros 25,2 litros.
La forma en la que se repartió la lluvia fue clave. Gran parte de las precipitaciones se concentraron en tramos horarios muy definidos, especialmente durante la mañana y la tarde, lo que multiplicó la sensación de temporal y elevó el riesgo de acumulaciones puntuales de agua en calles y zonas bajas.
A la lluvia se sumó un viento persistente, casi sin tregua. Durante varios días consecutivos se registraron rachas superiores a los 60 kilómetros por hora, con un pico máximo de 72 km/h el 27 de enero. También destacan los 69 km/h del día 23, los 67 km/h del 24 y los 66 km/h del 21 de enero, cifras que explican buena parte de las incidencias registradas en la ciudad.
Pese a la dureza del episodio, las temperaturas se mantuvieron suaves, con máximas entre los 13 y 17 grados, una señal clara de que no se trató de un temporal frío, sino de una situación típicamente atlántica, en la que el viento y la lluvia fueron los verdaderos protagonistas.
Con Kristin ya en el horizonte, Ceuta vuelve a mirar al cielo. Los datos de los últimos días sirven como aviso: el suelo sigue saturado, el viento no ha dicho su última palabra y el tren de borrascas aún no ha pasado del todo.