La Ciudad

"Es inhumano recibir las carta para abandonar Serrano Orive sin comprobar la situación económica de las familias"

Sandra: “En enero solo veo a mis tres hijos llorando y los muebles en la calle, sin saber dónde meterme"

Sandra Fernández Carrasco, inquilina de Serrano Orive (C.A.)
photo_cameraSandra Fernández Carrasco, inquilina de Serrano Orive (C.A.)

Sandra ha vivido momentos muy duros por el sinvivir de sentirse señalada al ser residente en Serrano Orive y por ver llorar a sus hijos cuando tapiaron otras casas. 

Se llama Sandra Fernández Carrasco, es madre de tres hijos de corta edad y tiene su vivienda en la promoción de las 45 VPO de Serrano Orive. Trabaja por horas en una empresa de limpieza. Es una de las inquilinas a la que EMVICESA “invita a salir de casa para no volver” ,antes del próximo 20 de enero.

En 2009, hace diez años, Sandra cumplió con los requisitos y accedió a la promoción; nos dice que “nadie le avisó entonces de que a los 35 años tendrían que abandonar la casa”.

Para ella “vivir en el centro de Ceuta es lo de menos”, porque viene compartiendo sólo 40 metros cuadrados con sus hijos de 8, 6 y 4 años y con su marido, adaptando los espacios a sus necesidades. El salón es un dormitorio y la cama de los niños está junto a la nevera.

Sandra se queja de que la vida así es dura; no tienen espacios para guardar el material escolar, para colocar la ropa y es prácticamente imposible dividir las zonas de la casa por actividades. “Son tres niños y cada uno tiene sus necesidades, el salón es además de salón, cocina, dormitorio y cuarto de estudio, y el único lugar donde ver la televisión”.

Los chavales han nacido en Serrano Orive. Su madre intentó mudarse, permutar la vivienda pero sus propósitos cayeron en saco roto. No ser demandante de vivienda ha sido un problema. Asegura que tampoco le advirtieron.

Sandra y su marido han pasado por etapas difíciles. Él durante un tiempo estuvo desempleado. Sin embargo “no dejamos de cumplir” con el contrato y “no debemos un solo euro. Estamos al corriente en los pagos”.

Se abrió una puerta cuando EMVICESA les comunicó que podrían comprar la vivienda, adjuntando una nota simple y su valor. Sandra recuerda que el anterior consejero de Fomento indicó alguna vez que las viviendas se venderían a quienes las ocupaban “si cumplían los requisitos de la renta aun cuando sobrepasaran la edad límite de los 35 años”. Otra medida que fue desestimada.  

Justicia social

Sandra y su familia conservan la documentación desde que llegaron a Serrano Orive. Están al día en el alquiler (140 euros/mes) y en la comunidad (70 euros/mes).

Ella trabaja los fines de semana y tiene un salario que le hace depender de los ingresos de su marido. Las entidades bancarias no les concederán un préstamo hipotecario en su situación y la incertidumbre le hace daño, tanto que hace unos meses sufrió un ictus del que se fue recuperando.

“Queremos que se miren de otra forma a las quienes hemos cumplido con nuestras obligaciones”. Es el deseo de Sandra porque “a todos se nos mira igual”. Otra familia numerosa, recuerda, también vive en Serrano Orive, con cuatro niños y en 50 metros cuadrados. Tan apretados están que “han cerrado un pequeño balcón para hacer el dormitorio de dos de los cuatro niños que tienen”, añada Sandra.

La carta

La familia de Sandra está sola ante esta incertidumbre. Temerosos de lo que pueda pasar. No se quieren ver en la calle con tres niños y los muebles “¿Y dónde guardamos los muebles? si vamos a una pensión por Asuntos Sociales se pregunta (entre lágrimas)”. La carta ha llegado en el mismo sentido para todos. “¿Y la protección del menor? ¿Y el derecho a una vivienda digna? Creo que todos tenemos derecho a formar una familia”.

Sandra nos dice con zozobra que “el 20 de enero sólo veo a mis hijos llorando y todos los muebles abajo en la calle, y yo sin saber dónde meterme” después de diez años. Hemos mirado alquiler pero en Manzanera, el Morro, Hadú piden entre 600 y700 euros y si sumamos otros gastos no nos lo podemos permitir. No nos llegaría el dinero.

Señalados

“Dicen que aquí somos gente que no pagamos, que tenemos la casa realquilada o una segunda vivienda en propiedad; yo no”, deja claro Sandra que no ha cometido ninguna irregularidad. Quiere que investigue quién realmente no puede “meterse ahora en una hipoteca” y que se les reubique en otra vivienda.

“Nosotros nos hemos encontrado con otro muro en el banco. No podemos pedir un crédito y solo queremos vivir con nuestra familia aunque sea en Loma Colmenar, como lo pedí en su día. Vivo en el centro porque me tocó aquí pero me da igual el sitio donde vivir", dice Sandra con rotundidad.  

Aquí “nos han señalado como si estuviéramos lucrándonos; es un sin vivir cada vez que leo o veo algo criticando a todos los inquilinos de Serrano Orive y parece que todos hemos cometido irregularidades".

"Cuando los jóvenes entren en la casa se van a llevar un palo" -dice Sandra- "y vean que es como de playmobil (de juguete), ni siquiera vale para una pareja. Las viviendas por dentro están como encogidas y ya no hablo del moho y las bronquitis que cogieron mis hijos”.

Al responsable de estas viviendas "le quiero decir que el trato que nos han dado no ha sido humano y que cuando tapiaron las otras casas, lo hicieron sin pensar en los niños: a la vuelta del colegio vieron como a golpe de mazo tabicaban la puerta de al lado con la taladradora y el ruido del grupo electrógeno. Los niños se enteraron de todo y entraron en pánico. Fue en febrero de este año y, luego, en abril fue hospitalizada por un ictus", afirma Sandra. 

Hay quienes se han metido en abogados "porque pueden". Nosotros no podemos adelantar ningún dinero, subraya esta madre. 

 

 

 

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