Ceuta: Tres décadas de autonomía, un sueño aún por completar
El 14 de marzo de 1995, Ceuta y Melilla alcanzaron el estatus de "ciudades autónomas". Hoy, 30 años después, recordamos las manifestaciones multitudinarias y la huelga general que propiciaron el marco actual de autogobierno. Sin embargo, el debate sobre la ampliación de competencias y la "autonomía verdadera" sigue vigente
El 14 de marzo de 1995 Ceuta y Melilla obtenían el estatus de "ciudades autónomas". Hoy se cumplen 30 años de aquel camino que se inició casi una década antes: el 12 de mayo de 1986. Aquel lunes, Ceuta vivía una de las jornadas más trascendentales de su historia reciente. Esa noche, entre 15.000 y 20.000 personas recorrieron sus calles exigiendo un estatuto de autonomía real, en una de las manifestaciones más multitudinarias que haya registrado la ciudad. Esta protesta masiva, organizada por la mayoría corporativa del Ayuntamiento, culminó una intensa campaña de concienciación autonómica que se había extendido por tres semanas y que había reunido 20.000 firmas de apoyo, más de la mitad del censo electoral de la época.
La manifestación, encabezada por el entonces alcalde Aurelio Puya y los concejales que respaldaban la iniciativa, excepto los socialistas, comenzó en la Plaza de África y concluyó ante la Delegación del Gobierno. En ese punto, entre gritos que pedían la dimisión del delegado del Gobierno, Manuel Peláez, el alcalde leyó un comunicado en el que criticaba la falta de respuesta del Ejecutivo central y rechazaba el proyecto de estatuto especial que se proponía para la ciudad. "Ceuta es España y, por española, entiende que la única fórmula de integración clara, rotunda e inequívoca en el Estado español es un estatuto de autonomía", afirmó con firmeza Puya.
La jornada de protesta no se limitó a la manifestación. La ciudad amaneció paralizada por una huelga general convocada por la Plataforma Autonómica, con un respaldo superior al 95%, según los organizadores. Comercios, oficinas y fábricas cerraron sus puertas, enviando un mensaje inequívoco al Gobierno sobre el deseo mayoritario de los ceutíes de alcanzar un mayor grado de autogobierno.
Aquel clamor ciudadano tardó casi una década en materializarse. No fue hasta el 14 de marzo de 1995 cuando, tras un largo debate político y administrativo, el Boletín Oficial del Estado publicó la Ley Orgánica que otorgaba a Ceuta y Melilla el estatus de "ciudades autónomas". Aunque este reconocimiento dotó a ambas ciudades de un marco de autogobierno propio, el grado de autonomía obtenido fue inferior al de las comunidades autónomas, una cuestión que continúa siendo objeto de discusión. Un año después, 6 de octubre de 1996, miles de ceutíes salieron de nuevo a la calle para rechazar el proyecto de estatuto con una huelga general.
A lo largo de los años, distintos sectores políticos han planteado la posibilidad de ampliar las competencias de Ceuta. Mientras en Melilla se ha debatido una reforma para transformar la ciudad en comunidad autónoma, en Ceuta el debate es más difuso. Sólo Ceuta Ya! ha reclamado una mayor autonomía y que se haga efectiva la Disposición Transitoria Quinta de la Constitución, pero el Gobierno local, encabezado por Juan Vivas, ha expresado dudas sobre la necesidad de una reforma profunda, argumentando que el actual régimen permite una participación efectiva en los foros de cogobernanza del Estado.
Una figura, de la ‘Ciudad Autónoma’, que es una “eterna excepción, una rara avis” en el ámbito constitucional, dado que dicha figura no está reflejada en la Carta Magna. En palabras de Mohamed Mustafa, líder de Ceuta Ya!, “el estatus de ‘Ciudad Autónoma’ evidencia nuestra debilidad y nos afecta en el día a día”.
Tras casi cuatro décadas después de las grandes manifestaciones que reclamaban para Ceuta la autonomía, sigue siendo un tema abierto. Las mayores manifestaciones de la historia de la ciudad quedaron como un hito en la memoria colectiva, un recordatorio de la capacidad de movilización ciudadana en defensa de sus derechos. Sin embargo, el sueño de una "autonomía verdadera", como rezaba la pancarta que encabezó una de aquellas marchas, parece haberse diluido en el tiempo, eclipsado por otras prioridades políticas y sociales.