Nochevieja | Rituales para despedir el año

Las 12 uvas, una tradición más reciente de lo que pensamos y de origen por descifrar

La escena se repite cada 31 de diciembre: reloj, uvas y deseos a toda prisa. Pero la costumbre de tomar doce uvas con las campanadas no es tan antigua ni tan clara como parece. Su origen mezcla aristócratas, rumores en Alicante, madrileños en la Puerta del Sol y mucho boca a boca

uvas

La imagen es universal: familias enteras mirando el reloj, uvas en mano y el deseo de que el año que entra sea mejor que el que se va. Pero la tradición de las doce uvas, tan asentada hoy, no es tan antigua ni tan clara como creemos.

Un historiador, Israel Viana, ha rastreado en archivos y testimonios repartidos por toda España y lo que aparece es un puzle lleno de piezas sueltas. A finales del siglo XIX ya hay referencias a cenas de Nochevieja con uvas, aunque no siempre eran doce: a veces eran tres, otras doce, y en algunos casos se hablaba de una costumbre importada por aristócratas que brindaban con champagne y copiaban modas francesas o alemanas.

Lo que sí parece cierto es que la tradición se popularizó desde abajo. Madrileños de clases humildes imitaron aquellas celebraciones y las llevaron a la Puerta del Sol. En 1906 ya hay constancia de grupos comiendo uvas en el kilómetro cero. Y antes aún, en 1903, los diarios de Tenerife recogían escenas similares.

¿Y el famoso “excedente” de uvas de Alicante?

Durante años se repitió la teoría de que unos agricultores alicantinos aprovecharon un excedente de uva para inventar la tradición. Pero los expertos desmontan esa idea. Luis González, director del Consejo Regulador de la Uva de Mesa Embolsada del Vinalopó, lo resume así: “Con los medios de la época era imposible llegar a finales de año con abundancia de uva fresca”. No había excedentes porque no había cosechas tan generosas.

Aun así, Alicante sigue apareciendo como posible origen. La comarca tiene una larga tradición de viñedos de uva de mesa y algunos vecinos veteranos cuentan que un hombre guardó unas pocas uvas para despedir el año “de forma especial”. No hay pruebas, pero sí una lógica: el boca a boca pudo hacer el resto. La costumbre se generalizó en los años veinte y se consolidó en los cuarenta, cuando el embolsado de racimos permitió retrasar la maduración y conservar la fruta más tiempo.

De España al mundo

A principios del siglo XX, el ritual ya estaba extendido por toda España. Y con la emigración, cruzó el Atlántico. Hoy es fácil encontrar a familias en Argentina, Puerto Rico o Venezuela comiendo uvas al ritmo de las campanadas españolas, aunque sus relojes marquen otra hora. En algunos países, como Portugal o zonas de Latinoamérica, se sustituyen por pasas.

¿Por qué doce? Otra incógnita

El número tampoco está claro. ¿Son doce por los meses del año? ¿Por las campanadas? ¿Por ambas cosas? No hay una respuesta definitiva. Y quizá nunca la haya.

Lo que sí está claro es que la superstición pesa: abundancia, salud, felicidad, buena suerte… Cada uva es un deseo comprimido en un segundo. Y como pasa con otros rituales —lentejas, ropa interior roja, dinero en el zapato—, funciona porque queremos que funcione.

Ya en 1887, el escritor Luis Taboada ironizaba sobre la falta de normas: unos decían que había que comerlas todas a la vez, otros una a una sin respirar, otros de pie, otros bailando un vals al terminar. La tradición, desde el principio, fue un caos simpático.

Nochevieja: un ritual que viene de mucho más atrás

Más allá de las uvas, la Nochevieja es un momento cargado de simbolismo. El tránsito del 31 de diciembre al 1 de enero se vive como un cierre y un comienzo. Y aunque hoy lo asociamos a fiestas y brindis, su origen es más profundo.

Como recordaba el catedrático Antonio Ruiz de Elvira, muchas celebraciones nacen de un hecho astronómico: el regreso de la luz tras el solsticio de invierno. Para nuestros antepasados, la pérdida de horas de sol era una amenaza. Cuando a finales de diciembre la luz empezaba a volver, había motivos para celebrar. Era una forma de decir: “Seguimos aquí”.

Los rituales más populares para despedir el año

Cada cultura tiene sus propios gestos para atraer buena suerte. Algunos de los más extendidos:

  • Ropa interior roja para atraer el amor.
  • Un anillo en la copa para reforzar vínculos.
  • Lentejas para la abundancia.
  • Barrer hacia fuera para expulsar lo negativo.
  • Quemar un papel con recuerdos que queremos dejar atrás.
  • Abrir una ventana tras las campanadas.
  • Monedas en el zapato para la prosperidad.
  • Romper objetos viejos para cerrar etapas.
  • Salir con una maleta para atraer viajes.
  • Estrenar ropa como símbolo de renovación.
  • Empezar el año con el pie derecho.
  • Escribir deseos para el nuevo año.
  • Encender una vela como gesto de esperanza.
  • Dar un beso a la persona más querida.

La mesa de Nochevieja en el mundo

La gastronomía también habla:

  • España: las doce uvas, convertidas en un ritual nacional.
  • Italia: lentejas con cotechino para atraer dinero.
  • Japón: fideos soba largos, símbolo de una vida larga.
  • Estados Unidos (sur): Hoppin’ John, un plato que mezcla arroz, guisantes y carne para atraer prosperidad.
  • Europa: pescado como símbolo de continuidad y buena fortuna.
  • Países Bajos: oliebollen, buñuelos fritos que ahuyentaban malos espíritus.
  • Filipinas: doce frutas redondas para llamar a la abundancia.