En Ceuta, la Delegación del Gobierno ha vuelto a parar un minuto. Otro silencio más, otro gesto repetido que ya casi se confunde con la rutina. Pero detrás de ese minuto están Rossmery, Jennifer y Sayuri. Tres mujeres con proyectos, con ilusiones, con vidas que fueron arrancadas de la forma más cruel.
Rossmery tenía 39 años y vivía en Toledo. Jennifer, 30, en Sevilla. Sayuri, 36, en Barcelona. Tres ciudades distintas, tres historias distintas, un mismo final injusto.
No son cifras: son ausencias que dejan familias rotas, hijos huérfanos, amistades que no volverán a escuchar su voz. Este año ya son 45 las mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas. Treinta y un niños y niñas han quedado sin madre.
Cada vez que alguien niega esta violencia, cada vez que se minimiza, se está borrando la dignidad de quienes ya no están. La violencia machista no es un debate: es una herida abierta que nos atraviesa como sociedad.
Por eso no basta con el silencio. Hace falta compromiso real, recursos que protejan, vecinos y vecinas que no miren hacia otro lado. Porque Rossmery, Jennifer y Sayuri merecían vivir. Y porque todas las mujeres tienen derecho a hacerlo sin miedo.
El 016 está disponible las 24 horas. En una emergencia, el 112, el 091, el 062 o la app ALERTCOPS pueden salvar una vida. No solo las víctimas: cualquiera que sospeche o conozca una situación puede dar el paso.
No podemos acostumbrarnos. No podemos resignarnos. Cada minuto de silencio debería ser un grito que nos recuerde que la violencia machista existe, que mata, y que nos obliga a actuar.