Opinión

Fin de Ramadán, ¿festivo o no?

La polémica está servida. Un nuevo tema en nuestra ciudad produce cierta controversia; pocos opinan sobre este asunto y los que se deciden, casi todos, lo hacen con el corazón en defensa de sus propias tesis, lógico cuando emerge desde un órgano tan vital y tan involuntario. Otros, en cambio, lo hacen desde la tan temida ambigüedad y la demagogia.

La polémica está servida. Un nuevo tema en nuestra ciudad produce cierta controversia; pocos opinan sobre este asunto y los que se deciden, casi todos, lo hacen con el corazón en defensa de sus propias tesis, lógico cuando emerge desde un órgano tan vital y tan involuntario. Otros, en cambio, lo hacen desde la tan temida ambigüedad y la demagogia.

Lo primero que habría que preguntarse para resolver este tema es de dónde venimos, o quiénes somos, para darnos cuenta de que somos un país laico -o eso pensábamos- que ha asumido que tenía que prescindir de los tradicionales símbolos religiosos que nos habían acompañado durante toda la historia de España, en las escuelas, en centros oficiales, etc. Nuestra Constitución es clara: ¡nos obliga!, no sólo está para leerla.  Esto sin contar lo que todavía nos tendrá que llegar en forma de goteo desde la UE, que es la que, a la par, marca nuestra senda, nuestros ritmos de vida “nos convenga o no”.

Cierto es, también, que existe interés en nuestra ciudad por obviar esta realidad y que se manifiesta de forma vehemente, pues argumentos tales como “realidad social” o “paz social” no tienen el peso necesario; es más, la mayoría del pueblo español lo consideraría una propuesta retrógrada, un paso atrás en democracia.

¿Qué hacer pues con esta nueva realidad social? Yo soy de la opinión de que al toro hay que cogerlo por los cuernos. Por eso, lo que no se puede hacer es lo que hacen nuestros gobernantes en la ciudad; vergonzosa actitud la de mirar para otro lado, ignorar de forma completamente irresponsable lo que ocurre. No olvidemos que, entre otras, se produce un cierre patronal en toda regla, no autorizado, y por lo tanto ilegal, sobre todo en el sector del comercio que es al que más afecta. Ante este caso, no se puede mirar para otro lado, ante este problema, hay que ser previsor y regular conforme a nuestro ordenamiento jurídico.

Y, sí es cierto que existe una nueva circunstancia que afecta a miles de ciudadanos y que, ante esta cada día nueva realidad, hay que reaccionar de manera constructiva con resoluciones que faciliten a cada uno de los trabajadores que profesen la religión musulmana que puedan coger días de asuntos propios en sus trabajos, para este y otros días de carácter religioso de similar importancia.

Los trabajadores que no tengan recogidos en sus convenios estos días, negociarlos, instar, desde las administraciones, a que los contemplen a través de la negociación colectiva. En el caso de los autónomos, regularizarlo conforme a lo previsto en la ley y evitar que se produzca un posible cierre patronal ilegal, como ocurre en la actualidad.

Por lo tanto ¿esto se arregla? Sí, la buena voluntad que no falte, pero con la aplicación de nuestros principios democráticos y la ley. Déjense de ambigüedades que es el peor enemigo que la democracia tiene, lamentablemente no se puede tener contento a todo el mundo, eso también. Seamos un país de garantía, seamos la garantía de un país serio de una vez, avanzando, hacia adelante… como no puede ser de otra manera.

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