Opinión

Igual, pero no lo mismo

El PP ha vuelto a ganar. Juan Vivas ha conseguido retener la mayoría absoluta que el Partido Popular viene reeditando desde 2003. Pero, ahora, las cosas son distintas. Los populares sostienen su hegemonía sobre un desahogadísimo porcentaje de votos que, sin embargo, representa una pérdida de casi 20 puntos con respecto a las pasadas elecciones. Una sangría de unos 6.600 sufragios. Y todo al filo de los 13 diputados que delimitan el plácido reino de la mayoría que no exige dar cuentas a nadie. 

El PP ha vuelto a ganar. Juan Vivas ha conseguido retener la mayoría absoluta que el Partido Popular viene reeditando desde 2003. Pero, ahora, las cosas son distintas. Los populares sostienen su hegemonía sobre un desahogadísimo porcentaje de votos que, sin embargo, representa una pérdida de casi 20 puntos con respecto a las pasadas elecciones. Una sangría de unos 6.600 sufragios. Y todo al filo de los 13 diputados que delimitan el plácido reino de la mayoría que no exige dar cuentas a nadie. 

Pese a todo, la hemorragia no ha sido suficiente para  acabar con la recia salud del paciente, que continúa siendo envidiable si se juzgan las circunstancias.

Peor diagnóstico cabe hacerse del estado de la oposición. El sólido movimiento político que un día pareció ser Caballas se ha estancado. Medio millar de votos le han impedido igualar el resultado electoral de 2011, rompiendo de este modo la posibilidad de crecer para convertirse en referencia de la oposición y sombra del PP. El desafecto de Fátima Hamed, que abandonó durante la legislatura la formación liderada por Alí y Aróstegui, y las consecuencias de esta disidencia parecen estar en el origen del fracaso de Caballas. Y, al tiempo, ha de interpretarse como la cifra del éxito del Movimiento por la Dignidad y la Ciudadanía (MDyC), traducido en sus tres escaños en la Asamblea.

Son cábalas, pero nadie sabe qué fuerza habría podido llegar a atesorar una formación política que aunara los electorados de Caballas y MDyC.

Por su parte, el PSOE ha sido condenado a la melancolía. La suma de un nuevo diputado a los tres que obtuvo en 2011 sabe a poco. El socialista José Antonio Carracao había marcado unos objetivos ambiciosos que exigían un resultado que, como poco, les convirtiera en la primera fuerza de la oposición con suficiente holgura. Han conseguido ser el primero de entre los perdedores pero a menos de un punto de Caballas, con los mismos escaños que el grupo de Alí y con un solo diputado más que MDyC.

Finalmente, Ciudadanos ha conseguido su propósito de colocar a Javier Varga en el pleno de la cámara. Aunque quizás los sondeos previos les habían hecho soñar con obtener al menos un segundo escaño, parece una proeza haber obtenido representación con una candidatura liderada por un perfecto desconocido para la opinión pública.

Y, más allá del capítulo de vencedores y vencidos, la abstención: la mitad de los ceutíes renuncia a votar. ¿Qué pasaría si se lograra movilizar a los abstencionistas?

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