Opinión

No es un problema

Los movimientos migratorios no son un problema. El desplazamiento de grupos de seres humanos de unos territorios a otros empujados por la amenaza de la guerra, la persecución y la intolerancia resulta consustancial a la historia de nuestra especie. Si el primero de nuestros congéneres hubiese decidido no mover un pie de su África natal, el resto del mundo sería hoy un páramo desierto donde no habría vallas, ni ministros del interior, ni liga de fútbol profesional. Para muchos de los que consideran que la inmigración es un problema, esto último resultaría intolerable.

Los movimientos migratorios no son un problema. El desplazamiento de grupos de seres humanos de unos territorios a otros empujados por la amenaza de la guerra, la persecución y la intolerancia resulta consustancial a la historia de nuestra especie. Si el primero de nuestros congéneres hubiese decidido no mover un pie de su África natal, el resto del mundo sería hoy un páramo desierto donde no habría vallas, ni ministros del interior, ni liga de fútbol profesional. Para muchos de los que consideran que la inmigración es un problema, esto último resultaría intolerable.

La incapacidad de la vieja Europa para regular el tránsito de personas que desean acceder a su territorio es el resultado de su inepcia, de sus antecedentes coloniales y, por qué no, de su mala voluntad. Ya no es sólo una sospecha que las muy aquilatadas democracias europeas llevan décadas sin mover un dedo para garantizar los derechos humanos de los países menos desarrollados, incluidos aquéllos de los que un día fueron metrópoli. La crisis de los refugiados sirios constituye una evidencia de la desidia, el abandono y el desistimiento de un conjunto de estados para los que la justicia es un concepto tan sólo aplicable dentro de los confines de su suelo nacional.

Este sábado han entrado en la ciudad 87 personas procedentes de distintos países africanos. Quienes consideran que su llegada es un problema podrían plantear a sus gobiernos la urgencia de adoptar medidas para que en sus naciones de origen también participen de nuestra democracia y de nuestra riqueza. El día que esto ocurra, nadie hablará de problemas.   

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