Opinión

Qué pena, no ser civilizados

Artículo de opinión de José Manuel Adán, economista e inspector de Finanzas del Estado
Hemiciclo / Congreso
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Cada vez está más claro que Feijóo es un tipo útil para el sanchismo por su inutilidad manifiesta como jefe de la oposición. En la última sesión de control al gobierno, el líder de la oposición le recriminó porque el caso Plus Ultra no hubiera llegado a la situación actual si el tal Sánchez lo hubiera rechazado en el Consejo de Ministros en el que se dio luz verde al pago de 53 millones a una empresa no estratégica, con deudas con la Seguridad Social, a la Hacienda Pública y hasta ayer extranjera. El tal Sánchez, enseguida extrajo de la manga las consabidas fotografías del Feijóo de antaño con un presunto narcotraficante y sin responder absolutamente nada sobre el espinoso tema que ahora se encuentra en un Juzgado por el que se ha imputado por ese caso a un ex presidente del gobierno nacional, el tal José Luis Rodríguez Zapatero, "mirose" en el techo y "disipose".

La otra parte de la oposición esta vez liderada por Abascal, se dedicó a resucitar el tema de la inmigración, tema verdaderamente importante pero completamente inoportuno en ese momento, teniendo en cuenta que la verdadera prioridad nacional es expulsar a Sánchez de la presidencia del gobierno. Sánchez, tomó las de Villadiego y los dejó con un palmo de narices. Una situación como la actual exige una Oposición enérgica con las ideas claras y yendo siempre al meollo de los asuntos y si se marcha el tal Sánchez, también toda la oposición porque ya no hay nada de qué hablar. Por eso considero que esta oposición es muy útil por su ineficacia, por su inutilidad, para Sánchez.

Después de la gesta del "control" al gobierno nuestro amado líder, el de la oposición, nos dice: "Haré todo lo posible para que cambie el Gobierno cuando crea que ha llegado el momento", los momentos de los políticos parecen que son muy diferentes a los de los ciudadanos. Hasta ahora ha hecho todo lo imposible por no hacer nada. La útil inutilidad.

No les parece oportuno a ninguno de los líderes, Abascal y Feijóo hacer algo eficaz, por lo que no hay más remedio que contentarse con el deterioro internacional de España, la degradación institucional permanente, la inseguridad creciente, la sensación de descontrol migratorio, la impotencia de miles de propietarios frente a la ocupación ilegal de viviendas, la sensación obscena de saqueo permanente sobre el bolsillo de millones de españoles, la amnistía negociada con prófugos de la Justicia, la corrupción gubernamental, la deriva del Tribunal Constitucional, etc. Qué hay que hacer para que la ineficaz oposición deje de serlo y haga algo posible en el bien de los electores, los suyos y los otros. Parece que hacer lo posible consiste en una ofensiva en la comisión de investigación de la SEPI en el Senado. En esa terrible ofensiva Feijóo quiere llamar a la secretaria de Zapatero, Doña Gertrudis. Por supuesto que no contempla una Moción de Censura, porque el amoral que nos gobierna pactaría el apoyo de toda la banda separatista a un precio difícil de calcular y el apoyo, en su caso a Feijóo del PNV, tampoco éste lo podría pagar. Y para más INRI, Sánchez, gana sobradamente a Feijóo con todos sus desplantes y ataques sin base alguna pero que su parroquia aplaude a rabiar. Además, como no dan los números. Así es que seguiremos oyendo muchos gritos superfluos desde la derecha.

Durante años, fundamentalmente los del sanchismo, los analistas políticos han denunciado una y otra vez, como después de la carga corruptiva que soporta Sánchez, éste no ha decidido poner fin al calvario que soportamos todos los españoles y que ni siquiera con el impulso de la oposición, Sánchez se hubiera movido una pulgada. Siempre han apelado a la rutinaria frase "Esto en una democracia de nuestro entorno, no hubiera ocurrido". Yo lo tengo muy claro. España no es una democracia. O si lo prefieren es una democracia formal pero no real y efectiva.

Vestimos como una democracia, es decir, existen elecciones generales, donde se votan a unos partidos, y cada ciudadano elige a qué partido votar. Luego, los elegidos, hacen lo que el partido les diseña y lo que hayan prometido a los electores, queda irremediablemente en el olvido. Todo ello, adocenado con una Constitución que habla de un separatismo entre nacionalidades y regiones y que los partidos separatistas, aducen a las guerras carlistas para obtener unos beneficios en contra del resto de los españoles, mitificar una nación, despreciar territorios que antaño han sido reinos, como Castilla, León o Aragón, mientras el País Vasco no pasaba de posada.

La democracia se viste de largo cuando estrena trenes de alta velocidad, inunda de autovías el país, compite con sus empresas en el mundo entero, nuestras constructoras lo mismo diseñan y construyen autopistas maravillosas en el mundo entero que estaciones de ferrocarril, puentes, puertos, también en el mundo entero y con una sanidad espectacular, también en el mundo entero, aunque esto ya no me atrevo a decir que sea tan competitiva. Esto no es democracia. Es una consecución tecnológica debido a los avances en la apertura de los mercados nacionales, provenientes de pertenecer a un club democrático como es la UE.

Tampoco son países civilizados México, Colombia, Venezuela, Cuba, China (la grande), etc. No por acudir a unas elecciones podemos decir que el país sea democrático y mucho menos civilizado, podríamos poner muchos ejemplos pero el de México con la matanza diaria debido al narcotráfico es significativa, o la de Cuba, actualmente en ruinas a pesar de sus ponderadas elecciones generales que siempre ganan los mismos y donde se tienen que levantar a las dos de la madrugada para tener dos horas de luz.

Y perdónenme si uno la falta de democracia a la falta de civilización. España no es un país democrático y nunca lo ha sido. Durante el Antiguo Régimen los feudalismos y sus formas de gobernar, eran los acompasados con el resto de reinos europeos, pero en el siglo XIX, aparte de la revolución industrial se produjo en las sociedades europeas un movimiento democratizador que nunca llegó a España que se llenó de guerras. Después de la revolución de 1868, la Primera República fracasó, con los espadones no hubo democracia, después vendría la Restauración que fue una falsa democracia, la dictadura de Primo de Rivera, ni se cuenta, y la Segunda República y la dictadura franquista de nuevo un fracaso democrático.

La Constitución de 1978 abre las puertas a la pseudo democracia que reina en nuestro país. Con la separación cada vez mayor de los nacionalistas, con un gobierno cada vez más proclive a la separación de territorios en lo que llama estado plurinacional, con una Jefatura del Estado paralizada, nos encontramos con que ni partidos constitucionalistas, ni la sociedad civil, además de protestar pueden hacer nada contra un presidente traidor a España, y a su Constitución.

No sé si tendrá que ver la diferente asunción del poder público dentro del luteranismo, donde la mentira es un eje básico de la representación ciudadana conforme a que cualquier representante público que mienta es destituido fulminantemente y ese mismo representante comulga con ese principio, de modo que él es el primero en desalojar el poder si es cogido en un renuncio, en contra de la doctrina católica, que si mientes puedes ir rápidamente al confesionario para que te perdonen tus pecados y hasta la próxima. Así, hemos visto que representantes políticos de Alemania, Portugal tan próximo al Reino Unido o del Reino Unido, presentar su dimisión en cuanto son señalados fehacientemente por el dedo popular. Eso es democracia real.

Por eso ninguno de los líderes actuales serán capaces de mejorar la calidad de nuestra democracia. Es mucho más profundo. Es una cuestión que tiene que permear en toda la sociedad y en la que cualquier ciudadano elegido para representar el poder tiene que tener en cuenta como uno más de la sociedad a la que pertenece que mientras detente el poder no puede mentir y si existen sospechas debe abandonar inmediatamente el poder y mientras la sociedad no asuma ese tipo de comportamientos seremos una democracia de latón y consecuentemente no podremos expulsar a los traidores a los principios de nuestra Constitución ni expulsar a los separatista, nacionalista ni asesinos que pueblan nuestras Cortes.

Por ello, estos líderes no nos sirven. Son los que tenemos, pero no nos sirven, como no sirvió Rajoy. Porque la envergadura del acontecimiento es mucho mayor. No consiste en que los políticos dejen de robar, que no sean corruptos, que aprueben los presupuestos, que respeten la independencia judicial, faltaría más. Todo eso siendo importante no lo es al lado de la tarea inmensa de hacer calar en la mente de todos los ciudadanos que el hecho de mentir en un representante político debe ser motivo de su fulminante expulsión del poder y ese representante, como un ciudadano más ha debido dimitir cuando hay indicios de su imputación. Es decir, es imprescindible aumentar la calidad democrática de la sociedad hasta llegar a una democracia real.

No puede ser que todos los días las páginas de los periódicos estén repletas del odio de unos a otros. Hemos de pasar esta página odiosa del sanchismo. Pero los nuevos líderes han de ser capaces de limpiar la Constitución del cáncer nacionalista, exigir que los políticos representen a los ciudadanos no a los partidos políticos, comprometerse a la dimisión inmediata en caso de indicios fehacientes de cualquier corrupción o mentira en su historial. En el horizonte solo vislumbro algunos líderes que pueden llevarnos al puerto que anteriormente he diseñado, entre ellos, Cayetana Álvarez de Toledo y posiblemente el socialista Nicolás Redondo Terreros o Vidal Quadras. Naturalmente ayudados por una pléyade de catedráticos en Derecho Constitucional, Jueces y Magistrados, sin adscripción política dada la envergadura de la tarea.

Poco a poco, pero siempre hacia adelante en pos de una democracia real, que en mi opinión se logrará cuando la sociedad no admita un solo líder corrupto y él tenga en la mente que debe dimitir inmediatamente sin necesidad de que la sociedad civil se eche a la calle, como ha ocurrido el pasado Sábado 23 llamada a manifestarse por la plataforma Sociedad Civil Española que aglutina a ciento cincuenta sociedades civiles y donde unas cincuenta mil personas han clamado contra Sánchez y que desgraciadamente no servirá de nada, por eso ni Feijóo asistió, ya que, liviano él, todavía no había llegado su momento.

Últimamente todos los males los atribuyo al calor de Mayo.