Opinión

Campañas

Los días de las grandes puestas en escena han comenzado. El secretario de Acción Política del PSOE, Patxi López, y la plana mayor del PP local nos recuerdan estos días en Ceuta, por si lo hubiésemos olvidado, que las elecciones están a la vuelta de la esquina. Los efectos de la crisis amenazan con menoscabar  la máquina de poder, lo que ha excitado el frenesí reformista por doquier. Un frenesí que no alcanza a las campañas electorales, a lo que parece.

Los días de las grandes puestas en escena han comenzado. El secretario de Acción Política del PSOE, Patxi López, y la plana mayor del PP local nos recuerdan estos días en Ceuta, por si lo hubiésemos olvidado, que las elecciones están a la vuelta de la esquina. Los efectos de la crisis amenazan con menoscabar  la máquina de poder, lo que ha excitado el frenesí reformista por doquier. Un frenesí que no alcanza a las campañas electorales, a lo que parece.

Obviando la irritante prolongación del periodo en el que los políticos profesionales se creen en el derecho de atosigar a aquéllos cuyos votos requieren, se antoja urgente elevar un tanto la exigencia intelectual de los candidatos y sus exegetas. Esto es poco menos que una causa nacional en la que todo el mundo debería implicarse. Para ello bastaría plantear algunas recomendaciones a los aspirantes a ocupar escaño.

Primero. No mida la altura de su discurso y pensamiento en función de la intensidad del aplauso y los vítores de los asistentes al mitin organizado por el propio partido. Ellos lo aplaudirán todo. Una memez proclamada en el tono adecuado puede enardecer a cualquier auditorio predispuesto.

Segundo. No deje que el entusiasmo de los correligionarios –agitadores de banderitas, reproductores de consignas y aduladores del líder- le lleve a concluir que el resto del mundo carece, en la misma medida, de juicio crítico. La gente suele distinguir a un cretino de un hombre sensato.

Tercero. Piense un poco por su cuenta. No se trata de quebrar la disciplina interna ni de renunciar a esos argumentarios tan bien urdidos que prepara el partido. Bastará con balbucir alguna idea propia, genuina. Al electorado le gusta rastrear en el candidato la existencia de algún tipo de actividad intelectual.

Cuarto. No emplee las ruedas de prensa para endosar soflamas electorales a los periodistas. Los trabajadores de los medios de comunicación, habituados como están a las argucias de los políticos profesionales, son inmunes a cualquier intento de persuasión. El veneno de cobra no emponzoña a quien ha sido mordido centenares de veces por los mismos bichos. Quien endilga un mitin a un periodista corre el riesgo de provocar su justa ira que, las más de las veces, genera una desafección subconsciente hacia el agresor. Las crónicas desfavorables nacen de esta irritación. No provoquen.

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