Opinión

Educación

Las autoridades educativas en Ceuta mantienen varios frentes abiertos. No resulta inusual. El de la educación es, probablemente, el servicio público que más controversias genera en la ciudad. Hoy, la situación en la que se hallan una veintena de niños extranjeros no escolarizados y la exigencia de los sindicatos al Ministerio para que las bajas de los docentes se cubran de manera inmediata conforman la agenda más urgente.

Las autoridades educativas en Ceuta mantienen varios frentes abiertos. No resulta inusual. El de la educación es, probablemente, el servicio público que más controversias genera en la ciudad. Hoy, la situación en la que se hallan una veintena de niños extranjeros no escolarizados y la exigencia de los sindicatos al Ministerio para que las bajas de los docentes se cubran de manera inmediata conforman la agenda más urgente.

La sensación de que la educación en Ceuta se encuentra en un permanente contencioso se antoja la evidencia de que uno de los servicios públicos fundamentales arrastra en la ciudad serios problemas. Algunos de ellos son estructurales (el fracaso escolar es el reflejo de una incapacidad inquietante), otros están animados quizá por la burocracia, quizá por la incompetencia. En este grupo ha de incluirse el conflicto generado por la falta de escolarización de los niños extranjeros que en la actualidad son atendidos por la asociación Digmun. No hay excusa para que unos menores no vayan a la escuela, procedan de donde procedan y sea cual sea su nacionalidad. El Ministerio y la Ciudad han corroborado en este caso la sabia enseñanza que preña el tópico de que no hay mejor manera de ofrecer soluciones que crear, previamente, un problema para cada una de ellas.

Los retos que opone la educación en la ciudad requieren una actitud decidida y pronta a afrontar la reforma de un modelo que ha demostrado su agotamiento e ineficacia. Los problemas reales existen. No parece necesario inventar otros nuevos.

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