Opinión

Fiestas

La polémica suscitada en torno a la petición de convertir en festivo la jornada del fin del ayuno del Ramadán (Eid al-Fitr) ha vuelto a revivir. La decisión del Gobierno local de excluir del orden del día del pleno de la Asamblea la propuesta planteada por MDyC no ayudará a que las aguas retornen pacíficas a su cauce.

La polémica suscitada en torno a la petición de convertir en festivo la jornada del fin del ayuno del Ramadán (Eid al-Fitr) ha vuelto a revivir. La decisión del Gobierno local de excluir del orden del día del pleno de la Asamblea la propuesta planteada por MDyC no ayudará a que las aguas retornen pacíficas a su cauce.

Las argumentaciones técnica aducidas por el presidente de la Ciudad, Juan Vivas, para desestimar el debate en pleno de la conversión del Eid al-Fitr en festivo avivan las suspicacias acerca de cuál es la verdadera actitud que mantiene el Gobierno local hacia una solicitud que avala, al menos, la mitad de la población ceutí. Más allá de las opiniones que cada cual pueda sostener acerca de la conveniencia o inconveniencia de plagar el calendario laboral de fiestas justificadas en celebraciones y rituales religiosos, lo cierto es que la demanda social, en este caso concreto, existe.

El Partido Popular, sin embargo, ha venido manteniendo durante todo este tiempo una actitud elusiva. Da la impresión de que los populares no desean pronunciarse para no indisponerse con los ceutíes que profesan la religión musulmana. O, lo que también resulta compatible con lo anterior, que buscan con su inacción hacer un guiño y alentar a esa fidelísima parte de su electorado que siente como una ofensa la presencia pública de cualquier cosa que no sea merecedora de recibir el beneplácito de Don Pelayo, el Cid y Santiago Matamoros.

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