Opinión

Ruido

Uno de los principales problemas que lastra la vida pública es el ruido. Tanto como el que preside las discusiones en torno al cierre del depósito de vehículos de Benzú y la posterior adjudicación del servicio a una nueva empresa. Las denuncias que apuntan a conductas irregulares en la gestión del proceso suenan con estrépito en boca de algunos miembros de la oposición. El consejero de Medio Ambiente, Emilio Carreira, responsable de la gestión, contribuye al escándalo con unas manifestaciones no exentas de teatralidad.

Uno de los principales problemas que lastra la vida pública es el ruido. Tanto como el que preside las discusiones en torno al cierre del depósito de vehículos de Benzú y la posterior adjudicación del servicio a una nueva empresa. Las denuncias que apuntan a conductas irregulares en la gestión del proceso suenan con estrépito en boca de algunos miembros de la oposición. El consejero de Medio Ambiente, Emilio Carreira, responsable de la gestión, contribuye al escándalo con unas manifestaciones no exentas de teatralidad.

¿Qué ocurre con el depósito de vehículos de Benzú? ¿La gestión de la Consejería de Medio Ambiente vela realmente por los intereses públicos? ¿La denuncia de irregularidades en la adjudicación del servicio planteada por la oposición se sustenta sobre un fundamento razonable?

Quien haya asistido a la sesión plenaria de la Asamblea celebrada este miércoles no habrá conseguido sacar nada en claro. El tono correcto empleado por el diputado socialista Manuel Hernández en sus preguntas no obtuvo como contrapartida la explicación satisfactoria y aclaratoria que cabría esperar del consejero Carreira.

El relato del responsable de Medio Ambiente estuvo lejos de resultar esclarecedor. El aval legal de la prestación que ya ofrece efectivamente una empresa privada a la Ciudad y el procedimiento que habrá de seguirse para la adjudicación definitiva del servicio continúan sin haber sido eficazmente explicados. Nadie duda de que el proceso haya estado presidido por la más estricta vocación de legalidad. El problema está en que la manera de argumentar la irreprochabilidad del comportamiento de la Consejería no arroja ninguna luz sobre las dudas planteadas.

Carreira se ha limitado a elevar la voz para anunciar ante el respetable su intención de querellarse contra la diputada Fátima Hamed por injurias y calumnias. Este es el tipo de ruido al que más arriba se aludía. El consejero está en su derecho de proceder contra quien crea que atenta contra su reputación. Pero eso no está reñido con ofrecer detalles y precisiones acerca de su gestión.

La reacción ruidosa de Carreira es cumplida respuesta al comportamiento no menos ensordecedor de la diputada Hamed. La parlamentaria reputó delictivo el comportamiento del consejero sin ofrecer mayores certezas que avalaran tal conclusión.

Al cabo, y entre tanto griterío, los administrados, que son quienes deberían conocer lo que realmente sucede, acaban por no enterarse de nada.

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