Opinión

Un trabajo bien hecho

La reciente visita del Presidente del Gobierno de España, ha supuesto un nuevo espaldarazo a las aspiraciones de Ceuta, que no son otras que la tranquilidad, la estabilidad y la posibilidad real de desarrollo para todos nuestros conciudadanos. Hace diez meses también vino a Ceuta, y se acercó con la inmediatez que los gravísimos hechos vividos el día antes aconsejaban.

La desazón y la incertidumbre que se apoderó de todos los ceutíes, necesitaba una prueba irrefutable de que no estábamos solos, de que formar parte de España y de la Unión Europea tenía que servir para hacer frente a un desafío como el que Marruecos había planteado. Su visita tranquilizó a la mayoría de ciudadanos, pero no sólo fue una breve estancia cargada de simbolismo, sino el comienzo de un plan para normalizar la vida en nuestra ciudad y, al mismo tiempo, hacer llegar un mensaje claro y contundente a las autoridades marroquíes: España no va a tolerar un asalto a su integridad, ni España ni sus socios.

Afortunadamente, España no está dirigida por alguien como Putin, ni nuestro régimen es autárquico y absolutista. Somos parte de un espacio político inigualable en el mundo: La Unión Europea. No le declaramos la guerra a Marruecos, pero la posición de todas las instituciones del estado español, así como el inequívoco reproche de nuestros aliados y de las instituciones europeas hacia el acto hostil de Marruecos hacia un territorio propio de la Unión Europea, fueron armas suficientes para que las aguas volvieran a su cauce normal. Europa ha demostrado con la agresión de Putin a Ucrania, que la defensa de los intereses de los aliados no pasa por declarar un conflicto armado, porque son muchas las armas que las naciones civilizadas pueden utilizar antes de llegar a la barbarie.

Esa es la diferencia fundamental entre las democracias consolidadas y los regímenes totalitarios. Marruecos aceptó el requerimiento hecho por la Unión Europea, a través de su Parlamento y de la propia Comisión, así como de la Presidencia de la Unión Europea, para que el país vecino entendiese que debía replegarse de esa actitud hostil y contraria al derecho internacional y a su estatus de país amigo y socio de la Unión Europea. No hizo falta apelar a medidas más drásticas, como sanciones u otras medidas similares.

Acabado el episodio y las consecuencias del mismo, España debía recomponer las relaciones con Marruecos, tradicionalmente excelentes con todos los gobiernos de España, y que ya llevaban bastante más tiempo enrarecidas, es decir, antes de los hechos del pasado mayo. El relevo en exteriores de la titular y la llegada del actual ministro, el señor Albares, han supuesto un empujón importante en la culminación de ese proceso de normalización en las relaciones entre España y Marruecos.

Y decía que España debía recomponer esos lazos, porque España no podía seguir viviendo por más tiempo en una situación de tensión con un vecino que ocupa un espacio estratégico para la estabilidad en la región norteafricana. La colaboración estratégica entre nuestros dos países es esencial para la seguridad de toda la región mediterránea y España lo sabe. Vivimos en un mundo global, donde los equilibrios son esenciales y los acontecimientos actuales compelen a cualquier dirigente inteligente a estar del lado de sus socios naturales, porque si esos equilibrios se rompen, siempre hay alguien al acecho para ocupar el espacio que nosotros dejamos.

En esto consiste hacer una política exterior acorde con las actuales circunstancias y, además, ¿qué pintaba España aislada en su política exterior de sus mejores aliados, como Estados Unidos, Francia, Alemania o el Reino Unido, cuando alguien está amenazando la paz mundial? Giro o medio giro en la política exterior, no es la cuestión, sino si es un acierto o no. Felipe González empezó con OTAN no y acabó, afortunadamente, metiendo a España en la Alianza Atlántica. Muchos están reprochando a Sánchez que no compartiese su decisión antes de tomarla.

Puede que alguno tenga razón, y me estoy refiriendo al principal partido de la oposición, al Partido Popular, pero también es verdad que, a veces, el Presidente del Gobierno, no puede o no debe contarlo todo. En Ceuta habló claro, cuando dijo que era imposible seguir con las relaciones rotas con Marruecos. Algunos entendimos el alcance de esas palabras. Pero reservar cierta información no es esconder nada malo, sólo es ejercer el puesto público más complicado que hay.

Ceuta sale fortalecida con la acción del Gobierno de España, que ya la incluyó por acuerdo del Consejo de Ministros en la Estrategia de Seguridad Nacional y que está siendo objeto de un tratamiento específico mediante la puesta en marcha de un plan estratégico multidireccional. Cualquier gobernante ceutí debe apoyar cualquier estrategia del Gobierno de la Nación que venga a fortalecer nuestra seguridad, nuestro desarrollo y la integridad territorial de España.

Ahora se oyen voces que muestran una comprensible desconfianza hacia Marruecos, pero que tampoco nadie se equivoque: A Marruecos nadie le puede exigir que renuncie a su ideario, pero sí a que respete la realidad territorial de España. Hay dos relatos distintos, pero el histórico, el que no está contaminado por la política, deja resuelta la cuestión de la españolidad de Ceuta sin discusión, porque Ceuta no es española desde el año 1956, sino desde el 1640 y, mucho antes, desde 1415, fue parte integrante de Portugal. Por eso Ceuta está en la Constitución Española y en el Tratado de Adhesión a la Unión Europea.

Eso es lo único que importa y lo que Marruecos debe respetar, no realizando ninguna acción unilateral, cooperando con España en el control de los flujos migratorios y fomentando el desarrollo de ambas regiones a uno y otro lado de la frontera, y esto, precisamente esto, es la base de acuerdo (en lo que a nosotros nos afecta), por el que se inicia una nueva etapa de más colaboración entre ambas naciones.

El Gobierno de España debe culminar su hoja de ruta para con Ceuta, con la definición de unas nuevas condiciones en el tránsito fronterizo como ya ha adelantado el Presidente de la Ciudad: orden compatible con el desarrollo, al tiempo que debe también abrir para Ceuta, con los cambios necesarios, especialmente en nuestro régimen fiscal y en las comunicaciones marítimas con la península, una nueva etapa de desarrollo económico vinculado también a los flujos peninsulares, para diversificar nuestras fuentes de riqueza y garantizar una prosperidad sostenible.

Frente a todo esto, que es mucho y en poco tiempo, ahora aparecen los de siempre, intentando emponzoñar la vida de los ceutíes con sus libelos y sus exabruptos: gritos, insultos, amenazas y desplantes continuos. VOX se ha convertido en un aterrador grupo de inquisidores, discípulos de Putin, que sólo creen en la autarquía, en la guerra y en el desprecio hacia todo lo que no se parezca a ellos. Su grito de guerra es: “Traidor” y… Ya se sabe lo que hacen los dictadores con los que ellos consideran traidores.

Para ellos España debería declararle la guerra al resto del mundo, porque el ejercicio del diálogo, de los principios democráticos, de la diplomacia y del respeto a la libertad de pensamiento, no cabe en su ideario. Llaman sátrapa a cualquiera, pero la verdadera satrapía es su propio entorno. Buscan reeditar una cruzada, que todos sabemos como acabaría: con alguien que se proclamaría caudillo por la gracia de Dios. Y la promueven en Ceuta, como fundamentalistas de una religión cuyos fundamentos ignoran, porque da igual si se es o no se es cristiano, porque el cristianismo como filosofía de vida, ha sido la base de la tolerancia en las sociedades occidentales desarrolladas, tanto de la democracia cristiana como de la socialdemocracia.

Quieren dinamitar todos los puentes de convivencia y en su lugar levantar muros de odio, sobre la base de un supremacismo que predican escupiendo, usurpando los símbolos de una nación que no se parece nada a ellos.

Ceuta necesita tranquilidad. Yo estoy seguro de que los ceutíes sabrán valorar la posición del Presidente Vivas, porque saben perfectamente que es la mejor para defender los intereses de Ceuta, frente a la incertidumbre que propugnan esas personas violentas nubladas por la sinrazón que, como Putin, nos podrían llevar al desastre.

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